lunes, 9 de marzo de 2020

Surf or die... of laughter en Hemisferio Surf

El pasado 28 de febrero tuve la oportunidad de acudir como invitado al programa radiofónico Hemisferio Surf. En él, fui preguntado por la saga literaria Surf or Die... Of Laughter y diversas cuestiones relacionadas con el surfing.
 
 
 
 
 
 
 

martes, 4 de febrero de 2020

Regala alta literatura surfera en San Valentín

Magistral portada obra del pintor Antonio Gómez Bueno.
 
Surf or die... Of laughter II, III y IV, el mejor regalo, en este San Valentín, para los amantes del surfing y de la buena lectura en general.


Sinopsis: Cuarta entrega de la saga de relatos de humor surfrealista más original y desternillante de la historia de la Literatura Universal. Jon Satrústegui regresa de entre los muertos para intentar frenar una vez más, junto a sus amigos, El Oso y Armando Leza, lo imparable: La alarmante popularidad que el surfing está alcanzando en el siglo XXI. Frente a ideas tan extendidas como que “el surf es un deporte para toda la familia”, “mi playa es tu playa”, “si quieres aprender a surfear, yo te enseño”, el trío de peligrosos locales pone un poco de cordura, recordando algo tan básico como que cuanta más gente haya en el agua, menos olas tocarán por cabeza. Auténticos exponentes del maltusianismo y del nacional localismo playero más despreciable que dejan a Donald Trump y su muro a la altura de un altruista cooperante de Médicos Sin Fronteras o la Cruz Roja.
Información y pedidos: surfordieoflaughter@gmail.com

domingo, 12 de enero de 2020

Capi, radiografía de un emprendedor (entrevista Cantabria Económica)

El pasado año tuve la oportunidad de comenzar a colaborar para la revista Cantabria Económica. Tras años en los que mis escasas aportaciones al género periodístico se han reducido a 3sesenta, Surfcantabria y Staf Magazine tenía la esperanza de que participar en un medio económico me permitiese tratar otras temas y salir de mi encasillamiento, pero... ¡Mi gozo en un pozo! Desde un primer momento desde la revista se mostraron interesados en temas que desde una perspectiva empresarial estuviesen relacionados con lo que yo más conocía: el surf.
 
 
Sede original de la E.C.S (antigua caseta de socorristas)
 
 De manera casi inmediata supe cuál sería el primer tema que mandaría a la revista, pues a mi cabeza vino un nombre: David García 'Capi'. Pese a que hoy por hoy, el número de personas que se dedican al surf se ha disparado considerablemente para mí sigue siendo digno de estudio la figura de un surfista que supo ver un nicho de mercado y una oportunidad de negocio donde antes nadie lo había visto. Alguien que con tan sólo 17 años, siendo un estudiante de instituto, a las puertas de tener que tomar una decisión tan importante como qué estudios emprender, sin ningún conocimiento empresarial, opta por una decisión tan arriesgada y que no debemos olvidar en 1991 era una quimera.  También alguien que casi 30 años después sigue al frente del mismo y ha conseguido que una modesta escuela que sólo alcanzaba para financiarle surfaris o subsistir durante la temporada de invierno ahora sea un próspero establecimiento que durante los meses estivales da trabajo a cuarenta personas.
 
 
Carteles anunciadores de los cursos en los noventa.
  
 Muchas veces cuando vemos a alguien que ha conseguido hacer de su pasión su modo de vida y además compartimos con ellos esta afición tendemos a atribuir este logro al factor suerte, potra, estar en el lugar adecuado en el momento idóneo... Esta es una forma que nos viene bien porque nos permite desviar el foco de atención fuera de nosotros, pues la suerte es un factor externo difícilmente controlable. Cuando hablas con estos emprendedores te percatas que el denominador común de muchos de ellos más que poseer una gran visión de negocio o unas dotes para saber leer las oportunidades por encima de la media, es el factor riesgo. El de tomar en su momento decisiones que a priori no son las más seguras o que son diametralmente opuestas a los que todos con esa edad y circunstancias tomaría.
 
 
  Hoy por hoy poder ganarse la vida trabajando al lado de la playa, enseñando a hacer surf para un surfista de fin de semana que curra de lunes a viernes en un trabajo estresante y alienante puede resultar una suerte o que al agraciado le ha tocado la lotería, pero en 1991, cuando no había ninguna escuela, y todos los compañeros de instituto de Capi estaban hincando los codos para conseguir la mejor nota posible para poder acceder a una carrera que garantizase un buen futuro, era todo un salto mortal con un incierto desenlace. Podía salir bien, pero podía salir mal.  En 2020 cuando el número de escuelas de surf está disparado y un alto porcentaje de los que se inician en el surfing optan por estas para adquirir las nociones básicas muchas veces esto se nos olvida. 

https://www.cantabriaeconomica.com/empresas/capi-radiografia-de-un-emprendedor/

martes, 24 de septiembre de 2019

Surf or die... of Laughter, el mejor remedio contra la depresión posvacacional

Septiembre. Acaba el verano, vuelta a la rutina, al trabajo, los días acortan, las temperaturas (si el cambio climático lo permite) son más bajas, ves la playa y las olas por webcam...
 
Leyendo la saga literaria Surf or die... Of laughter puedes combatir todos los síntomas de la tan temida depresión posvacacional.

 
Surf or die... Of Laughter, la única obra que desmitifica, desidealiza y terrenaliza la vida de los surfistas de este país.
 
 
“Surrealista Torrentismo ilustrado. Genial y original manera de unir el surfing con la literatura de un modo más real e irónico. Esta saga es algo particular y único. Una caricatura bien real que sabe reírse de sí misma”.  Mario San Miguel, Artista y surfista
“Jon Satrústegui es parte de nuestra familia ya. La saga debería llamarse Surf o muérete de la risa, porque me he muerto de risa leyendo estos libros, con muchas situaciones que realmente sé que pasan”.  David ‘Capi’ García, Director de la Escuela Cántabra de Surf
“Estos relatos son las filosofías surfísticas reales, y contadas de una forma amena y divertida. ¡Historias del surfing a nivel nacional que pasan las fronteras internacionales! No hay ninguno igual que otro. Disfrútalos porque son únicos”. Manel Fiochi, Leyenda del surf e introductor del surfing moderno y la tabla corta en España
“Creo que el motivo por el que Jon Satrústegui se convierte en un personaje entrañable a medida que vas leyendo las páginas de la saga “Surf or Die…” es porque todos nos vemos reflejados en él. Por muy disparatadas que sean las situaciones en las que se ve envuelto, los que llevamos el veneno de las olas dentro, de alguna manera sabemos que bajo determinadas circunstancias, en unas coordenadas espacio temporales favorables, Jon Satrústegui somos nosotros mismos con otro nombre”. Gómez Bueno (Pintor, escultor, surfer y autor de la portada). California 2017
“Surf or die... of laughter es probablemente el enfoque que necesitaba el surf español. Una vez superado el enfoque trascendentalista y de engorile que todos pasamos al empezar a coger olas, aprendemos a reírnos un poco de nosotros mismos, y eso nos hace disfrutar aún más de este deporte. Surf or die es lo mismo. Relatos cortos de surf donde se cuentan una serie de verdades como puños sobre la vida del surfista medio de este bendito país”.   Fine  (Costasurf.com)
“La saga ‘Surf or Die... of Laughter’ es una desternillante mixtura de surf y cultura popular de los 80 y los 90. Aunque no hayas oído hablar en tu vida de cómo hacer un tubo y piensas que la ola de izquierdas tiene algo que ver con la socialdemocracia, las novelas de Eduardo Illarregui te arrancan una carcajada continua gracias a su ritmo desenfrenado y sus tramas surrealistas”. Jorge Garma, periodista
 
Información y pedidos:  Surfordieoflaughter@gmail.com
 
 

lunes, 2 de septiembre de 2019

‘Corchopan’ hasta en la sopa


Después de pasarme años combatiendo la tendencia de los surfistas neófitos de abandonar el evolutivo,  minimalibú,  long o cualquiera que fuese el dispositivo de deslizamiento empleado para un fácil  y rápido aprendizaje apenas hacen el primer take off por una tabla corta (leer mi artículo sobre ‘La tiranía voluntaria dela tabla corta’), compruebo con estupor que si bien la tendencia se ha revertido, ha sido sustituida por otra, aún más incomprensible si cabe. Esta tendencia no es otra que la de penalizar el uso del foam y de la fibra de vidrio y la de decantarse por las tablas de corchopan o espuma para los días de verano. Y es que a nadie que visita la playa de junio a septiembre se le puede pasar por alto el empleo masivo e indiscriminado de este tipo de tablas, antaño patrimonio exclusivo de los alumnos de las escuelas de surf, por todo bicho viviente independientemente de su nivel,  antigüedad y destreza. Es como si de repente el foam estuviese penalizado en el pico.
 
Y digo que resulta incomprensible porque la única ventaja y aportación que veo en estas tablas al mundo del shape radica en su material, blando, ideal para dar clases a los que empiezan. Y no nos llamemos a engaño, son ideales no porque el surf sea un deporte excesivamente peligroso donde puedas hacerte chichones, abrirte brechas o romperte la cabeza… Porque si esto fuera así, en las escuelas no emplearían tablas de corchopan, sino que obligarían a llevar casco. Más bien su utilidad radica en que ahorra un auténtico pastizal en reparaciones por toques  a unas escuelas con una tendencia compulsiva de masificar los picos con unas clases con un ratio de alumnos más elevado que la densidad de población de alguna isla del sudeste asiático. Sobrepoblación que, como digo, no hace más que elevar la probabilidad de siniestros en forma de golpes y bollos, que las tablas de  corchopan absorben sin que se resienta su estructura, mermen sus facultades o reduzca una estética ya de por sí inexistente. Una mejor absorción de los golpes que entiendo que los surfistas más veteranos han priorizado también, por encima incluso de cuestiones hidrodinámicas,  y que les ha hecho decantarse por ellas en perjuicio del foam.
Tendemos muchas veces a concebir al shaper como un profesional que únicamente se dedica a hacer tablas, reduciéndole a una función manual y de taller; pero el shaper, el de verdad, el auténtico, el que ha hecho avanzar este deporte desde los tiempos mastodónticos de Tom Blake hasta las tablas minimalistas de Al Merrick, es más que eso.  El shaper hace tablas a golpe de cepillo en su taller, sí, pero también es alguien que las diseña, que las visualiza en su mente, las dibuja en una cuartilla, que concibe nuevos modelos y que da respuesta a necesidades que a los surfistas se nos presentan en el agua. El shaper se mueve muchas veces en ese terreno incierto, a medio camino entre el artesano y el artista. El inventor y  ‘el manitas’. Tablas más veloces, quillas que nos aferran más a la pared, permitiéndonos hacer maniobras donde antes simplemente era impensable, materiales más ligeros…
 Uno de los problemas a la que los shapers más  han intentado dar respuesta a lo largo de los últimos cincuenta o sesenta años ha sido la de encontrar una tabla que pudiese emplearse en los días de verano, en los que las olas no tienen mucha fuerza y cuesta que nos lleven, sin la necesidad de que tuviese mucho volumen. Una especie de santo grial o panacea que tuviese mayor flotabilidad pero sin sacrificar la maniobrabilidad. Tablas cortas y anchas para unos surfistas prejuiciosos que no querían hacer uso de malibús, longs por considerarlos propios de novatos. La evolución en el diseño de las tablas de surf en los últimos veinte años ha sido simplemente impresionante y el abanico de modelos, formas y materiales se ha abierto hasta parámetros que nos dan una libertad que ningún surfero del pasado imaginó.  En medio de esta revolución,  de estas investigaciones realizadas por los talleres dando respuesta a algo que no olvidemos provenía de la propia comunidad surfera, de repente nos encontramos con este fenómeno imprevisto, insólito, propio de Expediente X o de un programa de Iker Jiménez, en el que desde el que está aprendiendo hasta el que lleva veinte años elige tablas de corchopan. Un fenómeno al que yo y supongo que muchos de los shapers que han invertido tiempo, dinero y horas de sueño en busca de mejores diseños para el verano no encontramos respuesta.
 
No se trata de discriminar estas tablas de espuma porque son las que usan en las escuelas  o los que están aprendiendo, como antaño los locales discriminaban o marginaban a los que llevaban un minimalibú porque tenían la prejuiciosa idea de que el que llevaba estas tablas no sabía, se trata de cuestionar la elección indiscriminada de este tipo de tablas por una gran mayoría de la comunidad surfera. Un tipo de tablas cuya única aportación al diseño y mérito para pasar a la historia del shape es el descubrimiento de incorporar un asa que facilita su traslado del coche a la orilla o viceversa, como si la funcionalidad o no de una tabla estuviese en su trayecto del parking al agua o de la escuela a la arena. Ignorando el hecho de que una tabla no es una maleta en lo que se prioriza es su transportabilidad, pues si fuese así lo próximo será hacer tablas trolley con ruedas. Aunque parezca una obviedad  donde tiene que funcionar una tabla es en el agua. Es allí donde tiene que darnos su mayor rendimiento. Como se encargaba de repetir Florian Carlo,  shaper que vio por dos veces truncados sus deseos de hacer un taller y una tienda de surf diferentes, “la tabla es el elemento más importante en el equipamiento de un surfista, es lo que nos desliza por el agua y lo que nos pone en contacto con ella”. La elección de un tipo de tabla no debe ser algo baladí, ni seguir dictados externos ni modas. Debe responder a una decisión personal, libre y plena. Debe contestar a una deliberación nuestra interna intentando hallar solución a esta pregunta: ¿qué nos gustaría hacer en el agua? La tabla nos tiene que ayudar en el agua a sacar el mayor rendimiento posible a unas condiciones externas de oleaje e internas relacionadas con nuestra destreza, técnica o forma física.
  Tampoco consiste en ser fetichistas ni megalómanos, una tabla de surf no es mejor cuanto más dinero cueste o cuanto mejor sea su acabado o dibujo, pero entre esta superficialidad y la tendencia actual de elegir una tabla de marca blanca sin personalidad y nunca mejor dicho sin alma tiene que haber un término medio. Se trata de que cualquiera que ha surfeado en algún momento de su vida sabe que entre un surfista y su tabla se establece un vínculo, una auténtica relación de amistad, a menudo tan intensa que puede desembocar en romance. Se trata de que el surfista, como el que ama las motos, las bicicletas o los coches, sabe la relación especial que se establece entre él y su vehículo. Y la importancia de su elección. Aunque quieran aplicar ahora a las tablas los mismos parámetros y estándares de fabricación y de marketing que la ropa y los electrodomésticos (acabaremos viéndolas 2X1, día sin IVA), estas no son así, una tabla es única, primero porque así lo concibe el shaper en su taller, y segundo,  porque para un surfista no puede haber dos tablas iguales, y sabe que su tabla es única, irrepetible y maravillosa. Esto lo sabe bien el que ha tenido una tabla y ha visto como se ha hecho un golpe por chocarla con una jamba de la puerta al salir de casa o una columna del garaje al extraerla por el maletero del coche, o le han hecho un toque bordeando una ola uno que se la ha saltado o remontaba por donde no debía. Sabe que un golpe en su tabla de foam duele mucho, casi más si me apuras que uno propio, pero pese a ello, pese a su fragilidad, no la cambiaría por nada del mundo. Mucho menos por una de corchopan.

lunes, 12 de agosto de 2019

Capi, radiografía de un emprendedor; en la revista Cantabria Económica



 Francamente, abrir hoy en día  una escuela de surf a pie de playa no es lo que se dice un negocio innovador y revolucionario. Vamos, que el que inaugure mañana una surf school no puede ser tan iluso de esperar que le dé la Cámara de Comercio el premio a empresario original del año. Lo que sí que puede resultar interesante es conocer a la primera persona que visualizo que algo que hoy funciona tan bien podía ser una forma perfectamente válida de ganarse la vida. En el caso de las escuelas de surf esta persona no es otra que David García, más conocido como Capi, de la Escuela Cántabra de Surf.
  Los pocos que me conocen por mis artículos, por mis libros o por coger olas saben que no soy precisamente un fanático de este modelo de negocio que tanto daño han hecho a mis baños de verano... De primavera, de otoño y de invierno (¡Maldita desestacionalización!); pero en un país donde la gran mayoría la única alternativa que vemos para trabajar, después de salir de la universidad o del instituto, es ser contratado por terceros o por el Estado la figura de los emprendedores resulta de lo más inspiradora. Sobre todo durante y después de la tan mencionada crisis económica, que provocó que la oferta pública de empleo se viera interrumpida o reducida a la mínima expresión.
 
En los noventa, sin Internet, los carteles jugaban un papel crucial de promoción a pie de playa.
 
     Este parón en las oposiciones y parálisis en la génesis laboral del sector privado provocaron que surgieran palabras tan bonitas como emprendimiento, emprendedor e ideas tan seductoras como que todos nosotros no sólo podíamos sino que debíamos ser nuestro propio jefe y echar nuestro negocio a andar. En muchos de nosotros caló tan profundamente este mensaje, que desde ese momento no hicimos más que estrujarnos las neuronas en busca de esa idea salvadora y de la fórmula para materializarla. Pasaron los años, leímos decenas de libros de autoayuda, biografías de hombres de negocios, vimos vídeos por YouTube de coaches, la economía mostró síntomas de recuperación (no muchos), y jamás encontramos esa idea que nos haría ser nuestro propio jefe y mucho menos la forma de echarla a andar.
 
  Por todo ello, siempre he encontrado de lo más inspiradora y admirable figuras como la de Capi. En primer lugar, por visionarios, y en segundo lugar y me atrevería a decir más importante, por la valentía de arriesgarse a asumir el reto y transitar por una senda que no es la convencional.
 
 No dudo de las capacidades didácticas de Capi para enseñar a coger olas, pero también veo el enorme valor de los conocimientos que este pionero puede darnos sobre emprendimiento o la fórmula para que una idea de negocio tome forma.  Ojalá que algún día un círculo de negocios, una facultad de económicas o el salón de actos de un instituto le llamase para contar cómo lo hizo.
 
 
 
  Estos testimonios resultan claves en una economía como la nuestra, en la que por desgracia estamos muy huérfanos de visionarios y de personas capaces de ver una oportunidad de negocio en un mercado tan poco imaginativo condenado a generar, una y otra vez, burbujas, por la propia tendencia de los mal llamados emprendedores que lo único que hacen es repetir hasta la saciedad modelos de negocio que funcionan hasta colapsar de oferta el mercado, tirar los precios y arruinar el sector.
 
  Por todo ello, animo a la gente a leer la entrevista que me publica este mes la revista de economía Cantabria Económica al gerente de la Escuela Cántabra de surf, David García. Nuestro localismo no nos debe impedir que veamos que el creador de las escuelas de surf en España nos puede dar una valiosísima lección de cómo cumplir nuestros sueños o tomar las riendas de nuestra vida.

domingo, 28 de julio de 2019

¿Qué mira? ¿Es surfer? No, yo sólo soy una basura. Nada más.


Cuando vi por primera vez El Gran Miércoles, hubo partes y personajes que francamente no comprendí  en absoluto. Con el paso de los años y tal vez coincidiendo con mi madurez, he ido comprendiendo cada vez a más personajes y gran parte de los mensajes que se transmiten a través de ellos.

El personaje y la parte que más me ha costado comprender  ha sido el del shaper Bear, aquel que aseguraba con contundencia lapidaria a dos inocentes críos, llenos de ilusiones, que “nadie surfea siempre”, y su autodestructiva frase de casi al final de la película, en la que  preguntado por lo que está mirando y si es surfer  responde con una naturalidad heladora: “No. Yo sólo soy una basura, nada más”.
 Me he tenido que hacer mayor;  haberme alejado,  por dinámicas vitales impuestas desde fuera y desde dentro de mí, tanto del surf y de la playa , que lo que antaño era una rutina, hoy es una rara excepción…  Haberme convertido en un tipo de surfista que cuando  consulta las páginas de predicciones tipo windgurú reza para que el mar no esté muy pasado... Y que cuando lo está busca el pico más resguardado y seguro… Y lo más importante conocer  a surfistas que han seguido y siguen pasos diametralmente opuestos a los míos para entender a este personaje y escena de esta obra maestra que es El Gran Miércoles.

Hoy he decir con gran dolor que entiendo perfectamente a Bear , porque si a mí, contemplando, desde la orilla, a alguien capaz de jugarse la vida para surfear unas olas,  me preguntasen si soy surfer, respondería sin pensarlo dos veces: “¡No, no. Yo sólo soy una basura, nada más!”.