“La vida es cuestión
de prioridades”, rezaba hace más de 25 años un anuncio de helados. Yo no sé en
qué puesto estará el fútbol en su listado vital de preferencias, pero sólo les
diré que ya esté el primero, el segundo o el decimocuarto no deben estar en absoluto acomplejados; y es que para muchas
personas que un deporte mayoritario salga o encabece la lista es propio de ignorantes, de masa, de rebaño, de fumadores compulsivos de
opio o de miembros honoríficos de una sociedad iletrada y salvaje en la que se
aplica aquello de pan y circo.
Por lo general, este
desprecio al deporte rey y a sus gentes
proviene de pseudointelectuales y de supremacistas culturetas, pero
paradójicamente, en ocasiones y aunque parezca sorprendente, también viene de
gente del propio fútbol. Sin ir más lejos, ahí está esa célebre frase cuya
autoría se pelean Arrigo Sacchi y Jorge Valdano (quién si no podría presumir de
acuñarla) de “el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes”.
Una oración rimbombante, preciosista, para gloria de su autor o autores;: pero
que para mí esconde un desprecio frontal
y brutal al deporte que tanto dicen amar, y destila
un complejo de inferioridad a la hora de reconocer en público que para ellos el
fútbol es importante, capital, nuclear. Hay aficionados o profesionales que,
como la mítica composición de Paco de Lucía, se encuentran ‘entre dos
aguas’ y se codean con gente de la cultura, de la
política. Esto les hace vivir desde un armario su pasión, su hooliganización,
así que cuando les preguntan si han visto el partido de anoche por la tele, mienten descaradamente y responden que han
estado viendo una película de Akira Kurosawa, leyendo en la butaca del salón
“Guerra y paz” o en un recital de poesía simbolista en el café Rubicón.
En la vida, he
aprendido y me han ocurrido cosas
(posiblemente de las que Valdano considera importantes) que me han ayudado a
ver el fútbol con otro punto de vista, con otra intensidad, con una rebaja de
carga emocional respecto a cuando tenía
13 o 14 años; pero también en el, para algunos, bárbaro fútbol, he podido extraer valiosas lecciones que luego
he podido aplicar, para mi propio beneficio y mejora personales, en mi
día a día. En este sentido, el Racing y su historia, su a menudo trágica historia, han funcionado como valiosas master class, impagables sesiones del mejor coach
motivacional o la más cara terapia psicológica de las que extraer técnicas o
estrategias que aplicar a situaciones que pueden surgir en nuestras vidas. Sin
ir más lejos, este mismo año ha supuesto una inmejorable lección, un campo de
pruebas maravilloso para trabajar e implementar algo que poner en funcionamiento en el día a día y gestionar mejor los problemas que puedan ir
surgiendo.
Como les iba diciendo, para mí, esta temporada, la del retorno a Primera, me ha servido para ver que no siempre tiene
por qué ocurrir lo peor, y que, en
ocasiones, nos preocupamos por cosas que ni han pasado, ni están pasando ni van
a pasar; y que a la hora de hacer
pronósticos, proyecciones de futuro nos equivocamos… ¡Vaya si nos equivocamos! ¿Quién
nos iba a decir, por
ejemplo, tras perder 6-2 en Andorra que
tan sólo un mes más tarde íbamos a estar invadiendo el campo porque el
Racing había subido a Primera o en Calvo Sotelo viendo pasar el autobús de dos
plantas de los campeones?
También he aprendido
que detrás de muchos de los aficionados, tertulianos deportivos más críticos,
conocedores del fútbol, expertos, se esconden seres pesimistas, derrotistas,
negativos, degustadores compulsivos de botellas medio vacías, de pájaros de mal
agüero de los que es mejor estar alejados cuando hay problemas. Personas que
detrás de frases como “yo no soy pesimista soy un realista a ultranza o
informado”, “digo la verdad aunque duela”, se enmascara amargura, descontento,
infelicidad, frustración, enfado sistemático con el mundo o una terrible
envidia o animadversión personal hacia proyectos o personas. También una
enfermiza reticencia al reconocimiento de la equivocación e imposibilidad total
y absoluta a articular la palabra “perdón”.
Si usted cuando el Racing perdió 0-4 con el Albacete, 2-0 con
el Zaragoza, ganó dando una pésima imagen con el Sporting en casa in extremis 3-1 y se pegó el batacazo de Andorra, pensó
cosas tales como: “otro año más que no suben”, “se repite la historia del Villarreal B, del
play off con el Mirandés”, “José Alberto
no sabe planificar una campaña de 42 jornadas”, “hay que traer un entrenador top,
uno especialista en ascensos”, “como no
se gane el día del Almería hay que tomar decisiones”… siento decirle dos cosas;
una, que es muy probable que usted sea un
pesimista y no lo sepa ; y dos; que no
existe como dice Valdano una categoría que separe las cosas importantes de la
vida, de las menos importantes.
Si le vinieron a la
cabeza todos estos pensamientos catastrofistas, cuando un Racing serio, líder destacado de la categoría
desde casi el inicio de temporada, regular, que, a diferencia de años
anteriores, no había encajado tres
derrotas consecutivas, que había sido capaz de ganar a todos los de
arriba, con los que tenía el gol average
ganado…, tuvo los primeros problemas,
cuando en su vida personal aparezcan problemas similares hará exactamente lo
mismo; porque no existe una gran diferencia entre cosas importantes y la más
importante de las menos importantes (por muy bonita que sea la frase); y nuestra
forma de comportamos en abril en los Campos de Sport de El Sardinero dice mucho
de cómo procedemos ante un obstáculo fuera de los terrenos de juego.
De la misma forma que les digo esto, le voy a dar una buena
noticia. Nada en esta vida, excepto la muerte, es definitivo o imposible de revertir. Y usted puede trabajar, como trabajo yo, para dejar de ser un tertuliano, un aficionado
o una persona negativa para convertirse en otra que objetiva y ve la realidad
desde una óptica más benigna o beneficiosa para su propio bienestar. En primer
lugar, abandone ese pensamiento de que el fútbol es lo más importante de las
cosas menos importantes, sacúdase complejos y superioridades morales o
intelectuales, y aprenda y extraiga algo
valioso para la vida de lo que ha pasado este año con el Racing. Del Fútbol podemos extraer conocimientos impagables
como del mejor libro de psicología o de
filosofía.
Llevaba tiempo queriendo escribir este artículo. Mi idea
inicial era haberlo escrito en el tramo
final de temporada, cuando el Racing estaba inmerso en la lucha por su retorno
a Primera, para que la gente que lo veía
negro no lo viese tan oscuro; pero por
pereza y también por la complejidad que conlleva reflexionar sobre algo así lo fui
dejando y dejando. Finalmente, lo estoy
escribiendo ahora, cuando ha concluido la temporada, porque los fines de ciclo son una ocasión
inmejorable para realizar lecturas, extraer conclusiones, lecciones y
aprendizajes. Al final el éxito, el ascenso es lo menos, si podemos
paramos a analizar el ciclo que comenzó hace tres años y medio y extraer conclusiones mucho más valiosas que
nos pueden ser útiles en la vida.
En un primer momento, quise titular este texto de la
siguiente manera: ¿Qué pensaría Manel Fiochi, si le gustase el fútbol, sobre el
Racing? A todo esto, Manel Fiochi es un
mítico surfista santanderino, muy poco reivindicado en una comunidad autónoma cuyos
habitantes no saben valorar sus activos
más preciados, y famoso por haber traído
la primera tabla corta a España e importar de Francia, en 1967, un surf moderno, radical, veloz, plagado de
maniobras y giros impensables hasta ese momento, también por haber co-descubierto
la famosa ola de Santa Marina y por ser posiblemente el surfista más talentoso
de su generación; pero por encima del
valor y de la dimensión surfera de este prototipo de STV (Santanderino de Toda
la vida), cuyo padre perteneció en los sesenta a la directiva del Racing
(gracias a eso la primera tabla de surf llegó a España en un autobús del club
cántabro; hecho que llevo años queriendo inmortalizar solicitando, sin éxito,
para el Racing, una placa en el paseo de
las estrellas del surf en Somo: https://www.change.org/p/una-estrella-del-surf-en-somo-para-el-racing), Manel es mi amigo y la persona que me ha
regalado dos de las frases que más me han ayudado a intentar gestionar de
manera menos lesiva mi vida. “Hay que ver siempre la ventaja en el inconveniente”,
y no hay que ser “ni el más feliz en la felicidad ni el más triste en la
tristeza”.
Con este artículo no quiero vender
humo, ni frases como las que tanto se escuchan hoy en día por parte de falsos
gurús, y que a mí tanto me sonrojan y me generan vergüenza ajena, por no decir
arcadas, de “si piensas bonito, te pasa bonito”, “atrévete a soñarlo y te
ocurrirá” o “si sonríes a la gente o a la vida éstas te sonríen”. Este artículo lo escribo para que tanto como
si el Racing hubiese subido como si no, tengamos mecanismos para ver la ventaja
en el inconveniente y no nos vengamos abajo si las cosas no nos salen como
queremos.
![]() |
| M.Fiochi: "Hay que ver la ventaja en el inconveniente" |
Para poner dos ejemplos que
ilustran la aplicación práctica de estas
dos frases voy a utilizar a otro grande del fútbol, el gran entrenador
Vujadin Boskov:
Imagínense la tarde después del 6-2
en Andorra. ¿Qué y cómo pensaría una persona que aplica fórmulas como las que
defiende Manel de “ver la ventaja en el
inconveniente” tras sufrir semejante correctivo? Sencillo. Ya lo dijo Boskov: «Es mejor perder un partido
por nueve goles que nueve partidos por un gol». Puede parecer una perogrullada,
pero ¿qué es mejor para un entrenador, un aficionado o un jugador, pensar como dijeron
muchos: “otro año igual”, “se nos escapa en el último momento”, “esta plantilla
no sabe competir bajo presión”, ‘este
entrenador lo hizo muy bien para salvarnos del descenso pero no sirve para
ascender” e ir inmersos en estos pensamientos
autodestructivos a la recta final del campeonato o creer que el
tropiezo, el batacazo ha sido un hecho aislado? ¿Ir con pensamientos que no nos
van a ayudar en absoluto a encarar el futuro más inmediato (duelo contra el
Almería) o establecer una lectura como la de Boskov o Manel que nos sirve para
levantarnos con la mayor rapidez y el
menor dolor o daño posible? Yo no sé
ustedes, pero yo lo tengo bastante claro.
También el día del empate del
Ceuta, pudimos aplicar las dos
corrientes de pensamiento. La derrotista, para muchos ultra realista o la de
Boskov: “Ganar es mejor que empatar. Y empatar es mejor que perder”.
Son mecanismos que podemos meter en
nuestra mente y que nos pueden ayudar cuando surgen problemas, en el fútbol y
en la vida. Podemos ir con la idea de
“se nos escapan dos puntos”, pero también con la de “estamos un punto más cerca
de nuestro objetivo” o como nos decía José Alberto “jugando así no me cabe la
menor duda de que conseguiremos nuestro objetivo a final de temporada”.
Para mí el Racing es un equipo
terapia, un club cuya historia es más práctica e ilustradora que el mejor de
los libros de autoayuda o coach motivacional de Youtube. El Racing no
tiene nada que envidiar al doctor Rojas ni a esa cursilada que tanto se escucha
hoy en día de personas “vitamina”. Si
conseguimos implementar su forma de gestionar su historia de sufrimiento, lucha
y sacrificio a nuestras vidas tenemos muchas posibilidades de mejorar nuestro
propio bienestar emocional.
Piensen en sus horas más obscuras, en su
transitar por la árida segunda B, en el plante ante la Real Sociedad de copa,
en estar al borde de la disolución, de la desaparición… y en lo que hicieron
sus aficionados. ¿Se vinieron abajo? ¿Dijeron que no había nada que hacer y que
el club tenía que desaparecer y empezar otro desde cero? No. ¿Verdad?
Los seguidores de fútbol somos exactamente
iguales que el resto de mortales, aunque algunos nos imaginen como seres unicelulares
que solo reaccionamos ante las victorias o derrotas de nuestro equipo. No
estamos vacunados ni somos inmunes a que nos ocurran desgracias. Podemos sufrir
desengaños sentimentales, dolorosas rupturas, pérdidas de seres queridos,
desempleos, situaciones laborales
complicadas, ruinas económicas, enfermedades, accidentes o cualquier problema
imaginable…
S i usted es aficionado del Racing y en 2014 no dejó de pelear, luchar y
ser fiel a un club en estado crítico, supongo que hará lo mismo cuando en la vida le
vienen mal dadas, pues no existe club más importante que nosotros mismos. No tengan complejos a la hora de aprender del fútbol, del Racing y de extraer algo valioso de un grupo de poco trabajados a nivel emocional hooligans
para sus vidas. Piensen como el gran
surfista, el importador del surf moderno en
España y de la primera tabla corta, Manel Fiochi: “hay que ver siempre
la ventaja en el inconveniente” y no ser ni “el más feliz en la felicidad ni el
más triste en la tristeza”. Apréndanlo, interiorícenlo, aplíquenlo y mejorarán sus vidas.

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