jueves, 10 de abril de 2014

Cambio climático y temporales en El Cantábrico. Entrevista a Cristina Izaguirre Lasa


Para la investigadora del Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria (IH), Cristina Izaguirre Lasa (Santander. 1982),  las olas son “una radiografía” que muestra la buena o mala salud de los procesos dinámicos que se producen en nuestras playas. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad de Cantabria, Doctora en Ciencias y Tecnologías para la gestión de la costa, especialista en cambio climático y en clima marítimo, ganadora, en el año 2011, del premio de la Asociación Nacional de Constructores independientes (ANCI) por su tesis doctoral “Estudio de la variabilidad climática de valores extremos de oleaje”… Cristina posee un expediente que le convierte en la persona idónea para hacerle todas esas preguntas que el último invierno ha dejado en nuestra cabeza, junto a las imágenes de dunas partidas, paseos marítimos destrozados y olas entrando en lugares nunca antes imaginados.


Cristina Izaguirre (fuente IH Cantabria).
-Tu tesis, con la que conseguiste el premio ANCI en 2011, versaba sobre el ‘estudio de la variabilidad climática de valores extremos de oleaje’,  un tema que con los últimos temporales  ha cogido bastante vigencia…
-En la tesis tratábamos de entender la variabilidad, tanto en el espacio como en el tiempo, del oleaje extremal (el oleaje asociado a los temporales). El objetivo era entender muy bien los oleajes extremos del clima presente para poder inferir cómo cambiarán en el futuro. Para ello, utilizando datos históricos, estudiamos a distintas escalas espaciales (en todo el mundo, en el sur de Europa y América Latina y en el Mediterráneo español) cómo cambian los oleajes extremos según las estaciones, cómo cambian de unos años a otros, es decir, qué variabilidad interanual sufren en cada sitio, qué relación existe entre los oleajes extremales del Cantábrico con la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) o entre las olas extremas en el Pacífico sur con el fenómeno de El Niño, y qué tendencia de largo plazo se ha observado, si el oleaje extremal está aumentando o no en cada sitio. Una vez explorado el clima actual, lo que hicimos fue definir una metodología para poder inferir el oleaje extremal en el futuro para distintos escenarios de cambio climático. Con los temporales de este invierno el tema está de lo más candente, porque estos temporales pulverizan las estadísticas de los últimos 60 años, tanto en frecuencia de los eventos como en intensidad.


 -Precisamente, la violencia de esos últimos temporales y este invierno tan numeroso en borrascas han hecho que se hable abiertamente del ‘cambio climático’… ¿Realmente una de las consecuencias de este cambio es que los temporales sean cada vez más fuertes y que a su vez aumente su frecuencia?
-Hace poco ha salido el quinto informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), que es el principal grupo de expertos que estudia el cambio climático. Salió en septiembre y recoge los principales estudios y conclusiones sobre observaciones y proyecciones del clima.  En cuanto a las tormentas extratropicales, las borrascas que nos afectan a nosotros, sí que se ha observado un cambio en su trayectoria, desplazándose cada vez más a los polos. Es decir, que las tormentas del Atlántico Norte que nos afectan a nosotros cada vez se desplazan más hacia el norte. En cuanto a los cambios en la intensidad los estudios no son concluyentes, los resultados encontrados de cambio tienen mucha incertidumbre. En cuanto a los resultados de las proyecciones los resultados son también algo dispares. Los últimos estudios encuentran cambios futuros en la intensidad de los huracanes, siendo cada vez más intensos los de mayor categoría, pero los resultados respectos a las tormentas extratropicales no son concluyentes, no ofrecen suficiente certidumbre. Aquí hay que hacer una aclaración sobre cómo interpretar los resultados cuando hablamos de proyecciones de cambio climático, sobre cómo será el clima en el futuro, puesto que hay dos vías de análisis para inferir estos resultados. En primer lugar, utilizando las observaciones históricas y asumiendo la inercia del sistema climático, podemos extrapolar las tendencias obtenidas a un corto-medio plazo. Es decir, si encontramos que, en los últimos 60 años, ha habido un aumento del nivel del mar con una determinada tasa de crecimiento (mm/año), podemos estimar que, en el año 2040, el nivel del mar habrá ascendido lo correspondiente a esa tasa, y lo mismo con otras variables como la altura de ola, por ejemplo. Sin embargo, esta vía de análisis no es válida cuando nos planteamos un horizonte más alejado, como puede ser el final del siglo XXI. En este caso, la manera de abordar el problema es mediante proyecciones basadas en escenarios de cambio climático. El IPCC propone una serie de escenarios, es decir, de situaciones hipotéticas de cómo van a evolucionar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a lo largo del siglo. No son situaciones reales, sino hipótesis para, en función de ellas, evaluar como evolucionará el clima. En estos momentos hay cuatro nuevos escenarios, que intentan cubrir una casuística general de posibles evoluciones de las emisiones, desde seguir parecido a como estamos ahora, a ser más optimistas, más pesimistas, etc. La manera de evaluar los cambios en el clima en función de esos escenarios es ejecutando una serie de modelos climáticos (atmósfera-océano) que alimentados con esas condiciones de GEI, radiación, etc, nos dirán como aumentará la temperatura del ambiente, la temperatura del mar, el nivel del mar, como cambiarán la trayectoria e intensidad de las borrascas, etc. Hoy en día la comunidad científica sigue trabajando duramente en este tema puesto que temporales como los de este invierno, que nunca se habían registrado tan seguidos y tan intensos, da que pensar.
-¿De qué forma afectaría un cambio en la trayectoria de las borrascas a nuestro clima?
-El hecho de que la trayectoria de las borrascas se esté desplazando hacia el norte tiene consecuencias en el clima. En la lluvia y en la temperatura. A largo plazo dará lugar a menos precipitación y temperaturas más elevadas en el sur de Europa y más frío y humedad en el norte.
-Ya nos has dado un poco la clave, pero, en lo relativo a este invierno, que la gente dice que no recuerda uno tan lleno de temporales,  vosotros que tenéis, en el IH, registros de los últimos 50 ó 60 años… ¿Realmente ha sido tan duro, hay registros de alguno similar o peor?
-Este invierno ha sido excepcional. No tenemos registros ni constancia de una frecuencia tan grande de temporales como ha habido. De enero a marzo, prácticamente cada semana entraba uno. Además de la excepcionalidad de la frecuencia se ha dado también la excepcionalidad de la intensidad, por la altura de olas registradas. Ha habido otros años con temporales igual de grandes, pero tan seguidos y tantas veces con oleajes tan extremos no. Además este año un par de veces ha coincidido el pico de temporal con la pleamar. 
El Sardinero, en uno de los últimos temporales de marzo de 2014 (Foto Manel Fiochi)

 -Teniendo en el Instituto de Hidráulica ese archivo tan grande de temporales del último medio siglo, ¿qué conclusiones significativas habéis podido extraer? ¿Realmente está cambiando el clima en Cantabria o sigue las mismas pautas de siempre?
-Una vez conocido el ciclo natural, esos cambios en las estaciones, o cambios decadales, debidos a fenómenos atmosféricos u oceánicos, miramos la tendencia a largo plazo, a una escala mucho más larga, unos 60 años, y sí que en ciertos casos observamos un aumento en la altura de ola extrema en la cornisa cantábrica.
 -En el tema del cambio climático, parece que siempre existe un grupo de digamos escépticos que lo niegan y precisamente se escudan en que los registros de datos meteorológicos, con los que trabajáis los científicos, únicamente recogen los últimos 60 años y no épocas anteriores. Vienen a decir que al no tener registros, por ejemplo, del siglo XIX, no podemos saber si en aquel tiempo hubo fenómenos extremos similares…
-El cambio climático es algo evidente. El aumento de la temperatura, calentamiento global y aumento del nivel del mar (en el último siglo, una media de 1,7 mm/año y con una importante aceleración en los últimos años: entre 1993-2010 una media global de subida de 3 milímetros al año) es algo que nadie puede negar. Luego hay quien eso lo achaca a un efecto antropogénico, causado por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, y otros que dicen que no tiene por qué ser así, porque en otros momentos de la historia también hubo cambios en el clima abruptos.
 -¿Entonces, se puede decir que ya estamos viviendo las consecuencias de la subida del nivel del mar?
-La subida del nivel del mar es algo evidente y progresivo. No quiere decir que de un día para otro vaya a subir un metro, son unos milímetros al año (entre 1993-2010, una media a nivel global de tres milímetros al año), igual por eso no lo vemos como algo que nos afecte, pero ya nos está afectando.
-Y en qué cosas prácticas lo podemos notar en la costa de Cantabria...
-Que suba el nivel del mar provoca que la inundación por temporales que antes se producía una vez cada 50 años ahora o dentro de unos años se produzca cada 20, reduce el periodo de retorno. Lo que ha pasado en los últimos temporales, que se ha llevado la duna de Somo, de Liencres o ha afectado a El Sardinero... Eso lo llamamos un evento extremo de inundación, que es la consecuencia de varias circunstancias que contribuyen a esa cota de inundación. En primer lugar, la marea astronómica, lo que todos conocemos por marea a secas, y la que sabemos perfectamente cuándo sube y cuándo baja, y es la sobreelevación de agua debido a la atracción de los astros, luego, la marea meteorológica, que es la sobreelevación  del nivel del mar como consecuencia del viento y del déficit de presión, que viene asociado a una borrasca, la sobreelevación debida al oleaje -cada vez que viene una ola se produce una subida del nivel del mar- y por último también el aumento del nivel medio del mar, a la que contribuyen la expansión térmica, como consecuencia del calentamiento global (al aumentar la temperatura el agua se expande), y el deshielo (el aumento de temperatura contribuye al deshielo de glaciares y otras reservas de agua continentales y las principales placas de hielo de La Antártida y Groenlandia). La suma de todos estos factores es lo que provoca un evento extremo de inundación. Lo que antes ocurría una vez cada 50 años, en el futuro ocurrirá mucho más frecuentemente, porque uno de los factores (la subida del nivel medio del mar) está aumentando. El nivel del mar y las olas llegarán mucho más lejos y más frecuentemente. Se producirá un aumento en la intensidad y en la frecuencia en cuanto a inundación, pero también nos veremos afectados en cuanto a erosión en las playas. La subida del nivel del mar hace que nos vaya comiendo más la duna, la berma de la playa o lo que sea.
-Sin llegar a esos casos extremos de inundación, ¿la interacción de la marea astronómica con el aumento del nivel medio del mar, hará que las mareas sin necesidad de tener mucho coeficiente se internen más en tierra, hará esto por ejemplo que solo tengamos playas en marea baja?
-El hecho de que suba el nivel del mar hará que perdamos parte de las playas o zonas bajas por inundación permanente (lo que quedará bajo el futuro nivel del mar) y que el agua llegue a zonas que antes no se inundaban en la pleamar. Además de inundar, la subida del nivel del mar también genera erosión en las playas. Para adaptarse a ese nuevo nivel del mar, las playas pierden arena de su parte superior (la zona seca) y la desplazan a la zona baja (sumergida), un poco como lo que ha pasado en estos temporales, que se puede ver el mordisco en las dunas, por ejemplo en Liencres. A este respecto hemos elaborado un estudio para la Oficina Española de Cambio Climático (OECC) sobre las consecuencias del cambio climático en la costa del Cantábrico debido a inundación permanente y eventos extremos de inundación. En el estudio hemos evaluado, para distintos escenarios (distintos supuestos de subida de nivel del mar, evolución de la cota de inundación y evolución del sistema socioeconómico), las consecuencias socioeconómicas y medioambientales para mediados y finales del siglo XXI. En estos momentos la OECC está corrigiendo el informe y próximamente lo publicará.

-Mencionas los últimos temporales y la erosión en las playas, ¿cómo afectan estos temporales extremos a los fondos de arena, a los picos? ¿Se regenerarán?
-Dentro de lo que es el ciclo normal de las playas sí. Las playas están en un equilibrio dinámico, durante el invierno no tienen la misma pinta que en verano. El perfil de playa cambia. En invierno, se produce una erosión mayor y la arena baja a la parte sumergida de la barra, y, durante el verano, va subiendo poco a poco la barra otra vez. ¿Qué pasa con estos temporales? Han sido tan fuertes, que han comido mucho la parte seca de la playa y arrastrado la arena a la parte sumergida. Si eso no está dentro de la variabilidad natural, puede que se haya llevado la arena mucho más al fondo y que no le dé tiempo a recuperarse para el verano, dentro de su ciclo normal. Y en el peor de los casos, si se ha llevado la arena muy lejos de lo que es la playa, puede que esa arena se pierda del sistema. Por ejemplo, en La Maruca, hace unos años había arena; hasta el 2008, en que los temporales se la llevaron y no ha vuelto. Si los temporales sacan la arena de los sistemas es probable que no vuelva. En teoría sí que se recuperarán las playas, puede que tarden un poco más, por la fuerza de los temporales que ha habido, pero se recuperarán… Por ahora…
-Has hablado de La Maruca que perdió su arena en 2008, ¿qué ocurre, por ejemplo, con playas como La Magdalena, que, en la actualidad, hay que hacer reposiciones de arena anualmente?
-La playa de La Magdalena no es una playa estable. Allí no hay arena. Nunca la ha habido. La zona del muro del campo de Polo es una ensenada de rocas y de manera natural no debería haber arena porque las corrientes hacen que se mueva y desaparezca de ahí. Por un motivo turístico o el que sea todos los años se tiene que regenerar estacionalmente, porque cada vez que llegan los temporales, en invierno, desaparece la arena; pero no es motivo de cambio climático, sino que de forma natural ahí no debería haber arena.

Medidas de adaptación

-Desde las administraciones se asegura que las playas estarán listas para el verano, ¿de alguna forma no se está todo reduciendo a un simple lavado de cara y se está obviando una mayor gravedad del problema? ¿Se podrían tomar medidas más profundas?
-Desde mi punto de vista habría que tomar medidas de adaptación y deberían irse tomando desde ya, puesto que los efectos del cambio climático son evidentes y los vamos a ir sufriendo cada vez más. Yo ahora estoy trabajando en una línea de investigación que es ‘Impactos y adaptación al cambio climático’. Si ahora lo que hacemos es poner todo tal cual estaba antes, es muy probable que cuando vengan nuevos temporales pase lo mismo, ocurran los mismos tipos de daños.
-Alguna medida concreta…
-Para evitar o intentar minimizar estos impactos la estrategia es adaptarse, pero para ello es necesario hacer estudios sobre cuál es el riesgo y cuáles son las medidas de adaptación que se pueden tomar. Hay muchos tipos de medidas. Se puede intentar proteger la costa, se puede optar por un retroceso de la costa, por un ‘Abandono’… Si las olas nos están llegando hasta aquí, nos podemos proteger con medidas de adaptación rígidas, como construir un dique, o medidas de adaptación más blandas como regenerar una duna, o crear una playa; o manglares y arrecifes de coral en otras zonas del mundo. O decidir abandonar una zona e irnos más atrás, que puede ser de lo más sostenible que haya; pero para poder determinar la estrategia, las políticas y medidas adecuadas es necesario hacer un buen diagnóstico del problema para no volver a caer en errores del pasado y, por ejemplo, no construir casas donde no se debería.

-Antes nos has hablado de El Niño y de la NAO... ¿Qué son realmente estos dos fenómenos y cómo nos afectan? 
- La NAO y El Niño son fenómenos de gran escala de tipo atmosférico y oceánico que lo que vienen a representar son situaciones de la atmósfera y el océano que condicionan el clima en amplias partes del mundo. La NAO está caracterizada por un sistema de baja presión sobre Islandia y un anticiclón sobre las Azores. Cuando la diferencia de presión en ambos puntos es positiva decimos que estamos en situación de NAO positiva y lo que implica es que las borrascas noratlánticas se desplazan más hacia el norte, dando lugar a tiempo seco y cálido en el sur de Europa. Esto del tiempo seco y cálido hay que entenderlo bien, se refiere a nuestros inviernos normales. Cuando el anticiclón sobre las Azores se intensifica o la borrasca sobre Islandia se debilita tendremos fase NAO negativa, lo que hace que las borrascas de desplacen más al sur y den lugar a inviernos más fríos y húmedos en nuestro país.  La NAO se puede tomar como un indicador de la actividad ciclónica o borrascosa y el hecho de poder inferir en el futuro como va a cambiar nos puede decir también como cambiará la intensidad, frecuencia y trayectoria de las borrascas. En cuanto al Niño, el nombre El Niño se refiere a la fase positiva del fenómeno EL Niño – Oscilación del Sur. Éste es un fenómeno acoplado atmósfera-océano por el que cada 3-7 años se producen alteraciones en el clima de Sudamérica, el Pacífico, Australia e Indonesia. La situación normal es que los vientos alíseos soplan en sentido este-oeste desplazando la capa superficial de agua tropical del Pacífico oriental hacia el oeste, dando lugar a un nivel más bajo del mar en las costas de Chile y Perú (donde el agua está más fría) y más alto en Australia (donde el agua está más caliente), este sistema genera también un afloramiento de agua fría en las costas de Chile y Perú, lo que enriquece enormemente las pesquerías de esta zona, entre otras cosas. Cuando, cada cierto tiempo, se produce una disminución en la intensidad de los vientos alíseos que retrae la lámina de agua cálida hacia las costas oestes de América del Sur estamos ante un fenómeno de Niño. Esto da lugar a consecuencias en el clima como lluvias torrenciales en la costa pacífica de América Latina, sequías en Australia e Indonesia y desplazamientos hacia el norte de las borrascas del Pacífico sur, lo que hace que lleguen más y mejores olas a las costas de California. En cambio en los años de Niño, los oleajes que llegan a las costas de Indonesia son menos persistentes y consistentes... Por otro lado, cuando los vientos alíseos se intensifican estamos ante una situación de Niña, en la que aumenta el nivel del mar y la temperatura del mar en las costas de Australia y disminuye en las de Chile y Perú, dando lugar a lluvias intensas en Oceanía y sequías en América del Sur. Además el fenómeno de El Niño es el fenómeno climático más importante pues tiene consecuencias e influencias en todo el globo.
 -Por último, también eres surfista, el hecho de hacer surfing, ¿te ha ayudado a comprender mejor las olas, su mecánica, sus ciclos?
-El surf me ha ayudado a ser más observadora de la naturaleza,  a intentar entender un poco mejor los procesos, por qué la arena está aquí, está allá... El surf me ha hecho comprender que las olas son una radiografía del fondo, te enseñan a entender dónde está colocada la barra, cómo se sitúa la arena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario