viernes, 22 de marzo de 2013

El mejor amigo del surfista



  Piensa en alguien que siempre te espera en el coche o en la orilla mientras coges olas y al salir, después de más de tres horas, no sólo no  te pone caretos o directamente se ha ido, sino que se vuelve loco de contento, como si fueses Robinson Crusoe  y regresases  al hogar, tras muchos años perdido, en alguna recondita y remota isla desierta.
  En alguien que sabes que permanecerá a tu lado hasta si un día te da el siroco, te atas la manta a la cabeza, y decides dejar tu trabajo fijo y bien remunerado, tu casa y te pones a hacer barquichuelos metidos en botellas, en un desvencijado, frío y húmedo bungalow de 12 metros cuadrados en un camping al lado de la playa.
  En alguien que jamás te retirará el rostro si te deja tuerto el nose de una tabla o un accidente marítimo provoca que una terrible cicatriz surque tu cara de punta a punta.
  Si todos estamos seguros de que nuestros perros harían esto y mucho más por nosotros, lo que no entiendo es por qué nosotros a la hora de elegirlos a ellos miramos cosas como la raza, el pedigrí, la morfología, la línea genealógica, el porte, las modas, el color, la elegancia...
Cualquier perro empequeñece al más recto de los hombres.

  Tal vez sea por que en esta  sociedad de encantadores de perros, de jefes de la manada y personal trainers caninos, somos tan increíblemente engreídos que pensamos que nosotros somos los que tenemos que enseñar a los perros, cuando son ellos los que nos enseñan cosas realmente valiosas a nosotros. Después de todo, ¿qué es enseñar a sentarse, a tumbarse, a traer las zapatillas o dar la pata… al lado de mostrar y recordarnos el verdadero significado de conceptos hoy en día tan difuminados como amistad, lealtad, nobleza, fidelidad, camaradería, incondicionalidad, gratitud…?
  Si este mundo cada vez más superficial y frívolo aún no nos ha hecho tanto daño, tal vez la próxima vez que elijamos un amigo, en lugar de comprarlo y guiarnos por pijadas, podíamos barajar la opción de adoptarlo y comenzar así a aprender cosas que hace tiempo tenemos olvidadas.
 Cosas de las que nos hablaba Lord Byron en su célebre epitafio a su perro:

"Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad,
fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad
y tuvo todas las virtudes del hombre
y ninguno de sus defectos".

 El mejor homenaje que podemos hacer a un amigo que se ha ido es ayudar a otro de su misma especie que  no ha tenido fortuna:



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