lunes, 24 de junio de 2013

Mercadillo surfero de segunda mano este sábado en Loredo (Cantabria)



  


 Kun_tiqi Surfboards y Ecosurfshop.eu organizan el sábado 29 de junio, a partir de las 10:00 AM, en su taller de tablas ecológicas, situado en la carretera que une Loredo con Langre, un mercadillo de artículos surferos de segunda mano. Una magnífica oportunidad a la que están invitados todos aquellos que tienen tablas, trajes de neopreno, ropa, fundas, quillas… que ya no usan, ocupando sitio por casa o en el garaje, y quieren darles una salida, pues aquí podrán ponerlos a la venta de forma gratuita y sin compromiso alguno. Y por supuesto también una cita ineludible para esos cazadores de chollos, oportunidades o rarezas. O simplemente para el que esté pensando en adquirir una tabla, un traje y quiere hacerlo a un precio razonable.
 El mercadillo comenzará a las diez de la mañana y se prorrogará por espacio de 8 horas, hasta las cuatro de la tarde. Tiempo más que suficiente para desintoxicarse, por unos momentos, de la cultura del usar y tirar y sustituirla por otra del trueque, del ‘make yourself’ o del dar una segunda vida a las cosas.
 Esta novedosa propuesta estará también abierta para artistas, artesanos que deseen dar a conocer al público sus creaciones y obras. Para estos, al igual que para los que quieran ir a vender sus tablas, trajes, ropa usada… el puesto es completamente gratuito. Lo único que está prohibido es vender cosas nuevas no artesanales. Los interesados pueden ponerse en contacto con los organizadores del rastro escribiendo al correo info@kuntiqi.com
 Tal vez dentro de unos años se hable del mercadillo surfero de Langre como se habla ahora del de Las Dalias en Ibiza, del de Venice Beach en Los Angeles, Portobello Road Market en Londres, etc… Tal vez el próximo sábado sea el germen de algo y puedas decir, en un futuro, que estuviste en el primero. ¿Vas a perdértelo?
http://www.kuntiqi.com/


domingo, 9 de junio de 2013

Mario San Miguel. Donde va, triunfa


  
El cantante cántabro, Mario San Miguel.

  ¿Qué se puede decir de un tío que surfea las olas de derecha como un goofy, esto es, de espaldas, y cuando hace lo propio con las izquierdas, entonces, como por arte de magia, se convierte en regular y vuelve a ponerse de espaldas a la pared? Así es Mario San Miguel, en el surf y en la vida. Cantante, escritor, integrante del desaparecido grupo S.O.S., poeta, cuentacuentos, surfista, socorrista durante años en la playa de Langre. Mario pone su particular sello personal en todo.
  Un tipo que habla de Felicidad, de apostar por la vida como arte y de compartir antes que competir  y que no suena ni a iluminado al que se le ha ido la olla después de una fiesta con ácido en Ibiza, ni a gurú que quiere vivir bien a costa de la angustia que atenaza tanto a los occidentales, ni a uno de esos tristes e histriónicos coach, que tanto proliferan hoy en día y que, con discurso agresivo y chusco, habla, en paraninfos de universidad, atestados de estudiantes y amas de casa, de la importancia del entusiasmo y la pasión a la hora de conseguir nuestras metas y, luego, resulta que fuera del escenario es un triste y un parado que hace todo por obligación y de mala gana. San Miguel no es ninguno de ellos, es un tipo que cree en lo que hace y hace en lo que cree.
Disco titulado 'bajando hacia arriba'.
  Mario lanza preguntas obvias, tan obvias que ya nunca nos hacemos. ¿En dónde estás mejor en la felicidad o en la tristeza? Y acto seguido se pregunta por qué la gran mayorías de las canciones que escuchamos por la radio hablan del amor desde la pérdida y el dolor. "Me cuesta tanto olvidarte", "sin ti no soy nada", "tú recuerdo me hace mal", "me queda otro día sin vivir sin ti", "por amor tengo el alma herida", "me enseñaste a volar y ahora me cortas las alas". ¿Les resultan familiares? Son las mismas con las que empezamos, como Bill Murray, en el día de la Marmota (Atrapado en el tiempo), nuestra jornada, una y otra vez. Incansablemente. Nos levantamos con ellas, vamos al trabajo en el coche con ellas, trabajamos con ellas puestas. Nos refugiamos en ellas cada vez que la vida se nos pone cuesta arriba y un nudo nos aprisiona el pecho. Y luego nos extraña que no salgamos de nuestra tristeza ni apenas mejoremos.
 Las canciones de Mario San Miguel son distintas, están concebidas desde otro punto de vista, con otra óptica, no tienen nada que envidiar musicalmente hablando a las anteriores y sus letras hablan del amor desde el optimismo. “Yo soy feliz”, “yo soy feo, loco y pobre, pero feliz”, “no me voy a quedar toda la vida esperando…en tu recuerdo crucificado”, “la vida vale la pena”, “no puedes quedarte si ya no lo sientes, mentirse a uno mismo, eso es lo peor”. Mensajes más benignos que escuchados como un mantra invitan a remontar el vuelo y desprendernos de aquello que nos atenaza, en lugar de aferrarnos a ello y convertirnos en unos tristes abonados al síndrome de Estocolmo.
'Crecemos haciéndonos pequeños'.
  La música de Mario San Miguel está en sus discos, en sus directos; aunque, momentáneamente, y tal y como anuncia en su web (http://mariosanmiguel.com/) ha interrumpido los conciertos que daba con su banda, El ejército del Amor. Tiene motivos. Actualmente,  tiene entre manos  el proyecto de sacar un libro, donde hablará del amor, de la felicidad, de la tristeza… de la vida, en definitiva. Habrá que estar atentos y leerlo, algo bueno seguro que sacamos.

sábado, 8 de junio de 2013

Surf y Literatura: Asier Triguero



Título: Me quiero ir
Autor: Asier Triguero
Editorial: Seleer
Páginas: 224
Portada de la obra de Asier Triguero.

  Estilo muy cinematográfico, por momentos recuerda más a un guión literario que a una novela, para una obra a medio camino entre las películas corales de Robert Altman (Vidas Cruzadas) y las Road Movie tipo Easy Ryder, Una historia verdadera... Su título ‘Me quiero ir’ es el verdadero leitmotiv de la trama y denominador común de los personajes. Sujetos todos ellos que se encuentran en una situación de bloqueo en sus respectivas vidas y quieren dar un golpe de timón, como ocurre muchas veces, sin saber qué rumbo tomar. En ese sentido, el libro nos viene a recordar que a veces las huidas hay que emprenderlas sin tener necesariamente un plan alternativo trazado. La planificación meticulosa lleva al inmovilismo.
 El autor, Asier Triguero Lorente (Bilbao. 1983), refleja en ‘Me quiero ir’ sus dos grandes pasiones, el surf y la sociología, presentes en la creación de los principales personajes de la novela. Algunos suponen un gran acierto, como Zéphyr, magistralmente trazado, de una gran fuerza narrativa y exponente de ese hombre de negocios de éxito moderno, cuya vida social, fuera de la oficina, es un fracaso, un desierto de amor y amigos. Ese tipo enganchado a la serie Friends y mitómano de Jennifer Aniston y Courtney Cox es muy creíble. Su historia te atrapa desde el primer momento  y quieres avanzar en la trama, para saber su porvenir. Al igual que pasa con el enigmático Noah, un señor de 75 años que arregla electrodomésticos y que se echa a la carretera.
 El pero viene con lo que mejor conoce el autor y a lo que da más protagonismo. Si algún surfista de pro lee el libro puede sentirse irritado por la colección de tópicos que se emplean para definirlos y la colección de muletillas y frases hechas a la hora de definir a personas ‘no surferas’ lo que significan el surf y las olas. Los discursos espirituales y místicos sobre la gran cabalgada y la búsqueda de la ola perfecta resultan algo inverosímiles y chirrían con el tono realista de la novela. Aunque supongo que los no surferos, a los que Phil Edwards dio por llamar 'la legión de inanimados', lo pasarán por alto. Los que tienen hijos también se sorprenderán con la madurez y el vocabulario con el que se expresan los niños por momentos. Impropios de su edad.
 Se agradece en estos tiempos que corren que alguien todavía nos recuerde que el ser humano puede sentirse oprimido, pese a tener trabajo o la nevera llena; y que se puede ser un profesional exitoso, tener pasta, coches de alta gama y ser profundamente infeliz y desgraciado. También por su tono optimista y su mensaje de esperanza. ¡Bravo por Triguero, en este sentido!  Por último, este es un libro especialmente propicio para los que escuchan, a diario, ese mensaje, en su mente, de ‘Me quiero ir’. Se verán reflejados.

viernes, 17 de mayo de 2013

Be wave, my friend



  Hubo un tiempo en el que, cuando estaba en el agua, mi mayor preocupación era progresar a toda costa. Mi preocupación era tan grande, que acabó por convertirse en una obsesión, obsesión que a su vez desembocó en frustración, cada vez que salía del agua y me percataba que estaba exactamente igual que cuando había entrado. Estado al que sin duda nada beneficiaba mirar al agua y ver las maniobras que se cascaban los demás en el pico.
  Con los años, fui aprendiendo que en el surfing lo mejor es fluir, dejarse llevar y la progresión, si es que llega, llega por sí sola. Y si no, da igual, porque hago lo que me gusta.
  Fluir es un estado que no se enseña ni se aprende. Una fusión en la que surfista, tabla y ola se funden en uno. Quien lo probó lo sabe.  Y el que no, corre el serio riesgo de convertir el surf en una férrea disciplina atlética; y sus sesiones de olas, en sus duros entrenamientos. Be wave, my friend!



domingo, 28 de abril de 2013

Portada Surf or Die... of Laughter by Alfonso Piñeiro




  El macarra esqueleto de la portada de Surf or die… of laughter es obra del dibujante e ilustrador santanderino Alfonso Piñeiro. Un creador con más de treinta años de trayectoria profesional que se autodenomina como “un artesano”,  pues todo lo que realiza “está hecho a mano, dibujado, recortado, pintado con el aerógrafo y retocado con pincel sobre la misma superficie a pintar, sin ayuda de ningún medio mecánico ni informático”.
  Muchas de las obras de Piñeiro forman parte del paisaje cotidiano de nuestro entorno y las hemos visto mil veces sin reparar, posiblemente, en la identidad de su autoría. Un ejemplo serían el solemne e imponente jefe indio y las motocicletas que decoran la fachada de la conocida discoteca santanderina Indian, situada en la calle Casimiro Sáinz. Los letreros del Wendal, La hora Bruja o la fachada de la celtic Tavern The Sanson en El Astillero también han salido del aerógrafo de este ilustrador.
 Parte del innumerable trabajo de Alfonso Piñeiro se puede apreciar en su página web: www.eltejo.com

martes, 9 de abril de 2013

Rescata una camisa de flores del fondo de tu armario



 Ahora que la ropa surfera  de surfera solo tiene el nombre o la marca; que cuando vas al parking y ves a los surfistas, piensas que son participantes de algún reality de la MTV titulado Gandia On-Shore o Jeffrey’s Shore… quizá haya llegado la hora de reivindicar, desde aquí, la genuina ropa surfera, la auténtica, la de toda la vida. Prendas que no pueden faltar en el armario de todo el que se precie de llamarse surfista. Auténticos artículos vintage que se podrán llevar lo mismo hoy que dentro de cincuenta años; o que incluso podríamos llevar puestos, en una visita turística al pasado, en el improbable caso de que Doc Brown nos llevase con su DeLorian a 1955, porque no desencajarían.
  La primera prenda que reivindicamos es la camisa de flores, también conocida como camisa hawaiana. Este clásico imperecedero, sancta sanctorum del ropero surferil, es un auténtico todoterreno. Perfectamente válida para un día de verano. Tanta para esas jornadas playeras interminables, con olas de medio metro, nevera portátil con cervecitas, fiambrera con tortilla de patata y filetes empanados y longboard. Como para salir luego por la noche, después de una ducha, en una juerga loca y descontrolada.
Estampados como estos hablan por sí solos.


  En el mundo del surf, su uso cada vez es menos frecuente, más improbable, incluso anecdótico o testimonial diría, limitándose a los festivales retro o a los concursos de longboard. Por el contrario, este icono se lo están apropiando, cada vez más, sectores ajenos a la playa como los guiris juerguistas, los participantes de despedidas de soltero, los ludópatas adictos a los casinos de juego o aquellos turistas que para sus periodos vacacionales  siguen aquella máxima del inolvidable jugador del Manchester United George Best: "Tenía una casa en la costa, pero para llegar a ella había que pasar por un bar. Nunca llegué a ver el mar".  Razón por la cual hoy en día el que lleva una camisa floreada se expone más a que le confundan con un marinero de la Sexta Flota de permiso o un cliente asiduo de lupanares, a que le identifiquen con un Greg Noll del Siglo XXI.

  Por todo ello, para que las camisas estampadas con dibujos de orquídeas vuelvan a ser patrimonio exclusivo de los surfers pedimos desde aquí que rescates esa camisa hawaina del fondo de tu armario y la lleves puesta en tu próxima visita a la playa, entrevista de trabajo, salida de copas o cuando tu nueva novia te lleve a conocer a sus padres…

viernes, 22 de marzo de 2013

El mejor amigo del surfista



  Piensa en alguien que siempre te espera en el coche o en la orilla mientras coges olas y al salir, después de más de tres horas, no sólo no  te pone caretos o directamente se ha ido, sino que se vuelve loco de contento, como si fueses Robinson Crusoe  y regresases  al hogar, tras muchos años perdido, en alguna recondita y remota isla desierta.
  En alguien que sabes que permanecerá a tu lado hasta si un día te da el siroco, te atas la manta a la cabeza, y decides dejar tu trabajo fijo y bien remunerado, tu casa y te pones a hacer barquichuelos metidos en botellas, en un desvencijado, frío y húmedo bungalow de 12 metros cuadrados en un camping al lado de la playa.
  En alguien que jamás te retirará el rostro si te deja tuerto el nose de una tabla o un accidente marítimo provoca que una terrible cicatriz surque tu cara de punta a punta.
  Si todos estamos seguros de que nuestros perros harían esto y mucho más por nosotros, lo que no entiendo es por qué nosotros a la hora de elegirlos a ellos miramos cosas como la raza, el pedigrí, la morfología, la línea genealógica, el porte, las modas, el color, la elegancia...
Cualquier perro empequeñece al más recto de los hombres.

  Tal vez sea por que en esta  sociedad de encantadores de perros, de jefes de la manada y personal trainers caninos, somos tan increíblemente engreídos que pensamos que nosotros somos los que tenemos que enseñar a los perros, cuando son ellos los que nos enseñan cosas realmente valiosas a nosotros. Después de todo, ¿qué es enseñar a sentarse, a tumbarse, a traer las zapatillas o dar la pata… al lado de mostrar y recordarnos el verdadero significado de conceptos hoy en día tan difuminados como amistad, lealtad, nobleza, fidelidad, camaradería, incondicionalidad, gratitud…?
  Si este mundo cada vez más superficial y frívolo aún no nos ha hecho tanto daño, tal vez la próxima vez que elijamos un amigo, en lugar de comprarlo y guiarnos por pijadas, podíamos barajar la opción de adoptarlo y comenzar así a aprender cosas que hace tiempo tenemos olvidadas.
 Cosas de las que nos hablaba Lord Byron en su célebre epitafio a su perro:

"Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad,
fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad
y tuvo todas las virtudes del hombre
y ninguno de sus defectos".

 El mejor homenaje que podemos hacer a un amigo que se ha ido es ayudar a otro de su misma especie que  no ha tenido fortuna:



info@asproan.org