Manel Fiochi, genio y figura del surf de Cantabria y España. |
Se puede decir que las vidas del Racing y de Manel Fiochi (Santander, 1.950) tienen cierto paralelismo. Importantes los dos en las historias de sus respectivos deportes, nunca se les ha brindado la atención ni la importancia suficientes, ni la que se merecían. Si el Racing ha sido pionero en un sinfín de acontecimientos (fundador de la Primera División Española, primer equipo en ser televisado junto al Real Madrid, primero en tener publicidad en su camiseta…), Manel no le va a la zaga en cuanto a ser propulsor de innovaciones en el surfing. Si bien una inoportuna lesión de brazo, le impidió ser de esa primera hornada de surfistas cántabros comandada por su hermano Jesús, se supo resarcir con creces cuando allá por 1967 trajo la primera tabla corta a España junto a un surfing radical y vertiginoso, que nada tenía que ver con el cadencioso de tablón que se practicaba hasta entonces. Manel, el importador de la New School y el aplicador de un ERE al tablón, dotado de un espíritu aventurero e inquieto, y tal vez en ocasiones de cierta alma de kamikaze, también fue el codescubridor, junto a sus amigos José Manuel Merodio, Carlos Bereza y Novo, de la potente ola de Santa Marina. Un hallazgo sin precedentes y el pistoletazo de salida del surf de olas grandes en Cantabria y España. Racing y Manel, dos vidas paralelas, pero que en ocasiones, como por arte de magia, han tenido puntos de tangencia. Como cuando la condición de su padre de directivo del club santanderino propició que, en su autobús, llegase la primera tabla de surf a la península. Fue un tablón rojo encargado por su hermano Jesús al taller de Barland en Bayona. Allá por 1963. 61 años después las vidas del Racing y de Manel confluyen en esta entrevista.
-El Racing ha estado
muy vinculado a tu familia, ¿qué recuerdas de cuando tu padre estuvo en la
directiva?
-He de confesar que yo no he sido nunca demasiado aficionado
al fútbol. Recuerdo haber ido bastantes domingos con él a los antiguos Campos
de Sport de El Sardinero para ver partidos, desde un lugar del estadio
privilegiado. El palco. Fueron tardes
inolvidables. También me gustaba acompañarle al club cuando tenía alguna
reunión importante en la que se decidían fichajes o cuestiones económicas, le
esperaba en el coche y me entretenía jugando con el volante, con la radio…
-¿Algún recuerdo de
jugadores?
-Pues de aquella época, en la que mi padre era directivo,
no, porque era muy pequeño, pero posteriormente conocí en Navarra por motivos profesionales
(teníamos negocios allí familiares) a Benito Ballent. Un muy buen delantero que
se caracterizaba por su efectividad. Recuerdo que tuvo una despedida agridulce
con el Racing. Se lesionó la primera jornada de la liga 92-93, la del ascenso,
contra el Badajoz. Fue su último partido con el club, pero se marchó haciendo
lo que mejor sabía, con un gol. Un broche de oro a su trayectoria como
racinguista.
-Cuéntanos esa
anécdota en la que tu hermano Jesús aprovecha que tu padre era directivo del
Racing para que le trajeran, en el
autobús del equipo, la primera tabla de
surf que hubo en España…
-Recuerdo de repente ver a mi hermano Jesús con una tabla
muy bonita de color rojo. Era la primera tabla de surfing que veíamos. Aunque decía que la había traído de Hawaii o
de Australia, se conoce que quería la exclusividad y la patente de corso en el
agua, la había comprado en Bayona. Se compró en Francia, la metieron en el
autobús del Racing y para Santander. Gracias a aquel partido del Racing se
trajo la tabla. Esa fue la realidad. Yo sabía que no la habían traído de Hawaii
porque un día estaba con Merodio y Carlos Beraza en casa, rascamos un poco la parafina
de la tabla y descubrimos que la marca era Barland y que su origen era Bayona.
Fue todo un descubrimiento, porque a partir
de entonces ya sabíamos dónde adquirirlas. Si bien por aquel entonces, por los
coches y las carreteras que había, Francia no estaba cerca, mejor allí que en
Australia (lanza una carcajada).
-En los sesenta,
sobre todo al principio, Barland era el shaper de cabecera. Cuéntanos tu
apuesta por una tabla corta cuando todo el mundo usaba tablas largas de mínimo
nueve pies…
-Solía veranear en Biarritz, bueno más bien mi padre me
mandaba allí para aprender francés. El caso es que, en mis horas libres,
visitaba el taller de Barland y un día vi que estaban fabricando otro tipo de
tablas que nada tenían que ver con los tablones que hasta entonces usábamos. Eran
mucho más cortas y ligeras. Sin dudarlo,
encargué una de esas tablas novedosas y vine para Santander con ella. Aquí todo
el mundo seguía con los tablones. Además, en Biarritz, tuve la ocasión de
observar a un gran campeón francés como François Lartigau y a surfistas
australianos. Hacían un surfing distinto, aprovechando la velocidad de la ola y
situando, desde el principio, la tabla en paralelo a la orilla de la playa y no
bajando al seno de la ola, que es lo que nosotros hacíamos. Eso me permitió
hacer con esta tabla corta maniobras, giros novedosos… Zalo Campa se fijó y decía que “hacía un
surfing distinto, nuevo”. Entonces la
gente fue entrando en el mundillo de las tablas cortas y dejando la tabla larga
para ocasiones muy puntuales, como días de verano, olas pequeñas…
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Manel, surfing cargado de velocidad y radicalismo. |
-A parte de traer el
surf moderno, también fuiste el codescubridor y de los primeros en meterte en esa ola mítica
que es Santa Marina…
-Ah, bueno, sí. Es
verdad. Un día estaba en Somo con Beraza y Merodio y estaba demasiado grande,
pasado, para poder coger olas. Entonces fuimos
andando con las tablas por la playa hasta situarnos enfrente de la Magdalena
para ver si podíamos coger algo allí, pero seguía estando muy grande. Entonces
no sé quién observó que rompía una ola en Santa Marina. A la vez siguiente que
fuimos allí, en condiciones bastante similares, fuimos directamente a Santa Marina.
Allí cogimos las primeras olas. Recuerdo que cuando venía una serie, me decía
Merodio: “cógela, cógela”, porque él
quería coger la mejor, que venía detrás. Entonces, yo le decía: “cógela
tú”. Recuerdo haber cogido una ola, a media marea, con una sensación de miedo
al ver las rocas bastante cerca. Luego, aprendimos la forma de surfearla y no
sólo íbamos allí, sino que mi hermano Jesús se encargaba de alquilar, previa
recaudación entre todos, una de las lanchas de Somo para ir directamente al
pico sin tener que remar desde la orilla. Desde la barca se podían sacar
también unas buenas fotos, unos buenos vídeos… Esa es la historia de Santa Marina. Una ola cuya fama ha traspasado
las fronteras, pues no sólo la surfean los cántabros, sino también los
extranjeros.
-El Racing ha tenido
una contribución al surf en España decisiva, trayendo esa primera tabla… ¿Crees
que se merecería una estrella en el paseo de la fama que hay en Somo?
-Lo de las estrellas de Somo me parece una muy buena idea. El
hecho de poder dejar allí constancia de la aportación que el Racing tuvo al
surf en Cantabria y en España para las
generaciones futuras sería muy importante para un club que en los últimos años
no lo ha pasado bien.
-¿Cómo ves la
actualidad del Racing?
-Ahora parece que está yendo para arriba por el trabajo de
su entrenador y de sus jugadores y a base de ganar partidos. Me gustaría mucho
que llegará a Primera División, como estuvo tanto tiempo. Se lo merece. ¡Aúpa el Racing!