martes, 16 de septiembre de 2014

Surf y Literatura: Todo por un puñado de olas perfectas



Hacía tiempo que un libro no me atrapaba tanto como éste de David Rensin, publicado en castellano por la editorial Thefishboneproject. A diferencia de títulos  que compras y nunca acabas, o prestas a alguien con la esperanza de que nunca más te los devuelva, o sirven para calzar la librería ‘Billy’ de Ikea que tienes en el salón, ‘Todo por un puñado de olas perfectas’ es una de esas obras que, en cuanto empiezas a leerla, sabes inmediatamente que se va a convertir en una pieza fundamental en tu biblioteca; y que cuando por el devenir del tiempo se te vaya borrando de tu mente, volverás a ella para releerla y recordarla o sorprenderte descubriendo cosas que se te habían escapado.
 Leyendo esta biografía de Miki Dora he reído y he llorado con una de esas figuras que resultan fundamentales para comprender los últimos 60 años de la historia del surf y entender el punto de inflexión en el que el surfing pasó de ser una actividad de un grupúsculo de outsiders californianos al deporte de masas que es hoy en día.

http://www.surfcantabria.com/07/index.php?option=com_content&task=blogcategory&id=103&Itemid=67 La palabra que mejor define esta biografía es una: Credibilidad. Mientras otras obras similares sobre íconos del surf o de cualquier otro deporte caen en el enardecimiento o la desacreditación, a través de la profusión descarada de elogios o de críticas mordaces, Rensin busca un equilibrio perfecto entre ambas, recopilando narraciones positivas y negativas de las personas que mejor conocieron a Dora de primera mano. Gentes tan influyentes como Greg Noll, Johnny Fain, Corki Carroll, Mickey Muñoz, John Milius, entre otros, se pasean por sus páginas para revivir la polémica figura de Da Cat a través de las más variadas anécdotas y tejer su historia. Esa es la auténtica fuerza de la obra, que no intenta ni poner a Miki en los altares ni bajarle de ellos,  se limita a ayudar a comprender primero a la persona y luego a la leyenda. Entender mejor el origen de su localismo, de su compleja personalidad, de su comportamiento contradictorio y de su huida por el mundo. Una humanización del mito que no desilusionará  a sus fanáticos, y que posiblemente moderara a sus detractores. Y que a otros muchos les hará descubrir que el pabellón de hombres ilustres del surf va más allá de la página de la ASP.
Por desgracia, este libro sirve para certificar que Dora murió víctima del cáncer en 2002, acabando de raíz con esa leyenda urbana que circulaba por ahí, y que muchos queríamos creer, que aseguraba que seguía surfeando, riéndose de todos nosotros, en algún rincón remoto del planeta. Y es que Dora es para el surf lo que Elvis, Jim Morrison para la música, una leyenda de tal dimensión que no podemos concebir que muera, al menos corpóreamente; porque su recuerdo sigue muy vivo en el mítico muro de Malibú, en su incomparable e inmortal estilo (guardado para los posteridad en los escasos vídeos que de Da Cat circulan por Internet)  o en las memorias de sus muchos seguidores.
 Resulta sorprendente que una vida como la de Miki Dora no se haya llevado al cine. A lo largo del libro hay quien compara su historia a la del escurridizo protagonista de la cinta de Steven Spilberg ‘Atrápame si puedes’. Hasta que alguien se decida a llevarla a la pantalla, aquí tenemos ‘Un puñado de olas perfectas’.  Una biografía creíble de una vida de película.

domingo, 24 de agosto de 2014

Quien ríe el último, surfea mejor



Hoy en día, cuando vemos la aplastante hegemonía del thruster o del foam y la fibra de vidrio, sobre cualquier otro tipo de tabla o de materiales, podemos llegar a la errónea conclusión de que su éxito fue instantáneo y que nada más aparecer, en el mercado, los surfistas de la época, seguros de sus ventajas, corrieron a abrazarlos; nada más lejos de la realidad. El camino que separa la aparición de un invento de su uso masivo por parte del gran público no es necesariamente recto y a  menudo  está lleno de obstáculos tales como el inmovilismo y la cerrazón de La Mayoría, muy poca abierta a los cambios.
H.C.S. Editorial Evergreen (Taschen) 1997 De lo mejor en castellano.

La tabla hueca de Tom Blake, mucho más ligera y con mayor flotabilidad que sus contemporáneas, en un principio, recibió las burlas del resto de  surfistas, que se mofaban de la creación del genial socorrista y de forma peyorativa la bautizaron con el apelativo de ‘cigarro’. Más adelante, cuando, en una demostración práctica, Blake les dejó atrás remando a todos, tuvieron que reconocer que aquel diseño tenía sus ventajas.  La importancia de Blake fue más allá de su revolucionario tablón, pues el shaper demostró que los rígidos cánones de los modelos de las tablas, heredados de los hawaianos, podían modificarse. Hasta ese momento el shape consistía en copiar modelos ancestrales. A partir de entonces, un sinfín de seguidores de Blake, desperdigados por las costas norteamericanas, comenzaron a introducir sus propias modificaciones en las medidas de las tablas, con sorprendentes resultados en el agua.
 En este grupo de jóvenes influidos por Blake, se encuentran John Kelly, Fran Heath y Wally Froiseth, que tuvieron, una tarde de 1934, una de las ocurrencias más decisivas en la historia del surf. Cansados de que sus tablas de cola cuadrada derrapasen y no se fijaran a la pared de las potentes olas hawaianas, ni cortos ni perezosos, optaron por ponerlas sobre unos caballetes y serrarlas hasta dar a sus tails una forma de V. Sin proponérselo habían creado un pin tail, lo que permitió coger olas mucho más grandes y fijarse a la pared, facilitando el arte de entubar. Lo que para la mayoría hubiese supuesto una laceración, una mutilación, fue un gran acierto, del que todavía hoy nos beneficiamos.
Contraportada del libro. Blake y Duke.
Tras la segunda guerra mundial, Robert Wilson ‘Bob’ Simmons  aplicó principios de hidrodinámica al diseño de tablas de surf, y también materiales que se habían utilizado en la industria militar, como la resina de poliéster y la fibra de vidrio. Esto revolucionó completamente la morfología de las tablas y su peso, pues Simmons consiguió tablas de tan sólo seis kilos. Las tablas de Simmons reunían  tres características fundamentales: maniobrabilidad, ligereza y agarre. Las innovaciones de Simmons, en un principio, fueron recibidas con incredulidad y burlas por parte de los ortodoxos, que dudaban que sus invenciones pudiesen llegar a funcionar. Por fortuna para todos nosotros, Simmons no les hizo ningún caso y prosiguió con sus experimentos.

 En la década de los cincuenta, Hobie Alter montó un taller en el garaje de su casa para hacer tablas de madera de balsa y fibra de vidrio, siguiendo las enseñanzas de W. Hoffman. Su padre, harto de la suciedad y el trasiego de gente, le echó y Hobie creó su propia tienda en Dana Point entre las risas generalizadas del resto de surfistas, que le preguntaban que qué haría cuando hubiese vendido una tabla a todos los surfers de la zona. Alter ha pasado a la historia como uno de los shapers más importantes y como el gran impulsor de las tablas de foam y de resina de poliéster.
 Estos son sólo algunos ejemplos que demuestran las dificultades que se encontraron muchos de los materiales y modelos de tablas que hoy empleamos. Dificultades que posiblemente también se encuentran y se encontrarán los shapers innovadores de hoy en día y sus mejoras, por parte de una mayoría muy poco abierta y resistente a los cambios, pero, que, curiosamente, luego, cuando se producen, es la que más se beneficia de ellos.

jueves, 24 de julio de 2014

Pequeño tributo a los shapers



La última edición del Cosmic Children ha estado dedicada a los shapers. Todo un acierto. Recordar a estas alturas la importancia de los shapers y su contribución al desarrollo del surfing a lo largo de la historia puede resultar redundante, pero, en este mundo, donde el sentido común es, muchas veces, el menos común de los sentidos, es de lo más oportuno y necesario.
El surf se ha convertido en una industria, en un fenómeno de masas; los surfers del circuito mundial son rutilantes estrellas cuyos resultados y vidas son seguidas por legiones que se toman sus victorias y fracasos como propios, exactamente igual que pasa con los astros del fútbol.  En toda esta vorágine, ¿dónde queda el shaper? ¿Qué importancia se le da en el mundillo tanto a él como a la obra cumbre de su trabajo, la surfboard?
En talleres artesanales como éste (Flying Surfboards) se gestan nuestras tablas.

 Sin camisetas, sin bermudas, sin playeras, sin sudaderas, sin gafas de sol, incluso sin neoprenos, podríamos seguir surfeando. ¡Bueno!, sin estos últimos un poco más jodidos. También sin cámaras subacuáticas y sin tener la parte trasera del vehículo cosida a pegatinas de las marcas surferas más cool del momento; de igual manera si la figura más determinante en el WCT de los últimos años decidiera jubilarse me atrevo a decir que el mundo seguiría girando, las mareas subiendo y bajando y las borrascas entrando fieles a sus ciclos naturales. El mejor ejemplo de todo ello, lo tenemos en los pioneros, que sin todas estas cosas, surfeaban. Con su homenaje, los organizadores del Cosmic Children quieren devolver al Shaper el lugar que le corresponde, que recuperemos un poco la perspectiva y reflexionemos a la hora de darle su justo valor. 

 Sin shapers no hubiese habido democratización del surf. El primer gran boom del surf se produjo en 1959, con el estreno de la película Gidget, pero si un año antes Hobie Alter no hubiera empezado a fabricar tablas de espuma, de foam, en sustitución de la madera de balsa, habría sido muy difícil por no decir casi imposible cubrir toda la demanda. El propio Hobie Alter reconoce que “si la película se hubiera estrenado antes no hubiera sido posible cubrir todos los pedidos”. Trasladando ese ejemplo a casa, igual podríamos decir de los Beraza, Merodio, Zalo Campa, que ayudaron a la primera generación a introducirse en este deporte, sin necesidad de cruzar los Pirineos o remover  Roma con Santiago para obtener una tabla. Invita a la reflexión escuchar cómo surfistas como Alejo Solar o David García ‘Capi’ recuerdan que sus primeras tablas fueron Xpeedin´ o Jerónimo de segunda o tercera mano. Más adelante, cruciales resultaron y resultan figuras locales claves como Hugo López-Asiain con Full&Cas, Gaspar Bezanilla de Goldbeach o Neptu de Jalaika. La historia de cada surfista está sin duda vinculada a un shaper y su taller, del que han ido de la mano en este incierto y apasionante camino de ser un surfista.
¿Un amplio fondo de armario o un quiver completo? Surfista, tú eliges.

 Un shaper es algo más que una persona que hace de forma más o menos artesanal una tabla; un shaper es un ingeniero, un inventor de nuevos modelos y formas. De la mente de los shapers salieron diseños que respondieron a una determinada necesidad o que se adaptaron mejor a un tipo de condición. Los shapers nos han ayudado a que aprender no resulte tan difícil, imaginando modelos con más volumen o estabilidad para los principiantes. Gracias a ellos, también podemos meternos a hacer surf con condiciones mínimas, y también en condiciones extremas, donde la hidrodinámica es crucial. Bob Simmons, George Greenough, Bob McTavish, Dick Brewer, Simon Anderson…contribuyeron con sus creaciones a dar unas dentelladas de varias pulgadas para que la mastodóntica tabla hueca del visionario Tom Blake de unos cinco metros de longitud y 20 kilos de peso, de la década de los 20 del siglo pasado, llegase a las minimalistas actuales.
 En estos tiempos de deslocalizaciones, para los talleres de shape y para los shapers locales no corren tiempos fáciles, como para casi nadie. En la última década, uno de los runrunes más extendidos es que con las tablas y con los shapers ocurrirá lo mismo que con los trajes a medida y los sastres. Pero hoy más que nunca la figura de los shapers, tal y como recuerdan los organizadores del Cosmic Children, es necesaria y 100% reivindicable. Las tablas continuarán en su constante evolución hasta el fin de los tiempos, y como hemos visto, a lo largo de la historia del surf, estos avances no surgieron en las grandes multinacionales ni en el sudeste asiático, donde no crean nada, más bien se limitan a copiarlo. Surgieron en pequeños talleres, como el de Hobie Alter; de espíritus creativos e inquietos, observadores, que no prosperan en las cadenas de producción. De los pocos rescoldos de autenticidad en un mundo donde no tienes más que quitarte la camiseta que tienes puesta y leer en su etiqueta hecho en Turquía, India, Vietnam, Indonesia… Si bien, algunos grandes fabricantes ya han sucumbido a estos cantos de sirena y aplican a sus tablas la misma filosofía impersonalizadora.

 En este sentido, no hay mejor tributo a los shapers, que visitar sus talleres, confiar en su saber, su experiencia y sus productos. Su futuro y su supervivencia es la nuestra. ¡Larga vida a nuestros shapers!

sábado, 28 de junio de 2014

Loredo celebrará la segunda edición del mercadillo surfero de segunda mano el sábado 5 de julio



El próximo sábado 5 de julio tendrá lugar, en Loredo, el segundo "Mercadillo de surf de material de segunda mano". Al igual que  la primera edición se celebrará en el taller de surf de tablas ecológicas de madera de balsa Kun-tiqi, en la carretera que une Loredo y Langre. Se iniciará a las once de la mañana y se extenderá por espacio de cuatro horas, hasta las tres de la tarde.
Una cita indispensable para esa gente que está empezando en el surf y quiere adquirir parte del equipo (traje, tabla, fundas, escarpines) y no quiere gastarse mucho dinero en el mercado de primera mano. O para esos surfistas que tienen material que ya no usan, ocupando un valioso espacio en el garaje, en la terraza o en un trastero, pues aquí tendrán la oportunidad de venderlo. También es una cita ineludible para los buscadores de tablas raras, artículos vintage, pues el año pasado, entre las tablas que se pusieron a la venta, hubo auténticos ‘incunables’.

Taller de kun-tiqi, en la localidad cántabra de Loredo (España).
 Como en la anterior edición, las personas que deseen vender sus cosas no tendrán que pagar absolutamente nada, pues el espacio físico que ocupen con su material usado es completamente gratuito. También están invitados todos aquellos artesanos o artistas (pintores, fotógrafos, ilustradores, etc…) cuyas obras estén relacionadas con el surf.  Aquí podrán exponerlas y ponerlas a la venta.
El mercadillo de segunda mano nació con la idea de dar una alternativa a las pautas actuales de consumo basadas en el estrenar y en el usar y tirar, proponiendo el reutilizar y reciclar, como una opción y un hábito de vida. La primera convocatoria tuvo una notable acogida, por lo que, por parte de la organización, se espera que para esta segunda edición se aumente tanto el número de vendedores como de visitantes, con el fin de que el mercadillo pueda consolidarse, progresar y convertirse en un aliciente más dentro de la amplia oferta surfera que Ribamontán al Mar tiene en verano.
 Cualquier persona interesada en recibir información o más detalles sobre el mercadillo de surf puede ponerse en contacto con los organizadores a través del siguiente correo: stefan@kuntiqi.com

viernes, 27 de junio de 2014

David García, ‘Capi’; 23 años al frente de la Escuela Cántabra de Surf


David García Ara, 'Capi'. (Foto ECS)


David García Ara, ‘Capi’ (Santander. 24 junio de 1974), se expresa con la madurez y la serenidad que le aportan sus recién cumplidos cuarenta años. Con 31 años de intensa vida surfera, plagada de surfaris y de anécdotas, y al frente de la Escuela Cántabra de Surf desde hace más de 23, ‘Capi’ no elude ninguna cuestión, por controvertida que sea, demostrando que aún queda mucho de aquel chaval luchador que, con 17 años, salía de casa a primera hora, con dos tablas debajo de cada brazo, cruzaba un barrio de “macarras”, cogía un autobús, una lancha… para dar en Somo sus primeras clases, abriendo, sin saberlo, el camino, en España, a la enseñaza profesional del surfing, cuando éste era reducto exclusivo de los autodidactas.
-Cuando empezaste a dar clases allá por el 91, ¿pensabas que 23 años después ibas a seguir a pie de playa, enseñando?
-(De forma inmediata) Realmente sí que lo pensaba.
-¿Y cómo surgió la idea de hacer una escuela? ¿La importaste de Australia, donde ya existía algo similar?
-No. Habíamos visto que previamente aquí habían dado unas clases sueltas, pero no había una escuela. Un amigo y yo nos asociamos y empezamos a dar clases de surf en la playa de Somo. Primero, estuvimos en la playa-playa, no teníamos ninguna sede. Al año siguiente, fuimos a Zarautz, donde se había creado una escuela de surf el mismo año que nosotros, con Mikel Troitiño, y ahí nos sacamos la primera titulación oficial de monitor de surf homologada por la Federación Europea. Ese mismo año hicimos una solicitud a la Demarcación de Costas de Cantabria y al Ayuntamiento de Ribamontán al Mar para adecentar la antigua caseta de los socorristas, que estaba abandonada. Fuimos al Centro Reto, compramos una puerta, construimos una tarima de madera, la pintamos, le pusimos un teléfono, junto al nombre Escuela Cántabra de Surf; y así empezamos.
-¿Qué fue lo más difícil de los inicios?
Primera sede de la Escuela Cántabra (Fuente ECS).
-Yo creo que antes te tenías que buscar más la vida en general. No había tantas alternativas. Ahora mismo das una patada y te salen cuarenta distribuidores de China, de Tailandia, empresas del País Vasco, de Francia, que te venden tablas de surf especiales para aprender; blandas, de goma, con quillas blandas... Eso cuando empezamos a dar clases de surf y (enfatizando), durante muchos años después, no existía. Lo que había entonces eran las tablas evolutivas; una movida que creo que creamos nosotros. Nosotros encargamos cinco tablas evolutivas a Full&Cas con el logotipo de la Escuela Cántabra de Surf, eran tablas más anchas. No las llamábamos ni evolutivas, que es un término nuevo, que no sé ni quién se lo ha inventado, las llamábamos ‘Funboards’, tablas de diversión. Eran tablas de poliéster y fibra con quillas fijas, porque no existía ni el tema de los cajetines. Cada dos por tres las teníamos que reparar nosotros; con el riesgo inherente que tenía dar clases de surf con tablas de poliéster, en contraste con la seguridad que hay ahora que vas con tablas blandas y las tienes de mil medidas. Antes eran tablas duras y te venía un niño, gente mayor y no había tantas alternativas.
-¿Y cuando empezaste, no te miraban los demás surfistas un poco como a un loco, en plan ‘quién le va a pagar a éste para que le enseñe a hacer surf’?
-No, no, no (sonríe). Me miraban más raro en el barrio (Carcajada). Yo antes no vivía aquí (en Somo), vivía en un barrio obrero, humilde de Santander, en Isaac Peral. Salía de casa con cuatro tablas, una mochila con trajes, el pelo rubio de dar mil clases… Tenía que pasar así por un barrio de macarras que te cagas, atravesar otro barrio… Coger un autobús, que encima era el Uno, el articulado, ése alargado que había que coger  por la puerta de atrás; el picador a veces te dejaba entrar, a veces no… Si no te dejaba, tenía que llegar como pudiese a coger la lancha para dar las clases… Muchas dificultades. Igual por eso me miraban raro, pero no por el hecho de dar clases de surfing en sí. Nosotros hemos intentado inculcar que por aprender puedes pagar y puedes tener un buen profesional a tu disposición que te enseñe y te haga mejorar. De hecho, la prueba viviente es que he enganchado a mucha gente al surf, que, a día de hoy, se ha venido a vivir a Somo, se han cambiado de pueblo, o están en Liencres; gente que antes vivía en el interior. Gente a la que el surf les ha tocado y lo han hecho su nueva forma de vida.
Capi, a principios de los 90's (Fuente ECS)

 -Y supongo que en 24 años habrá habido de todo, ¿alguna anécdota o situaciones curiosas?
-Anécdotas varias. Desde dar clases de surf a famosos…
-(Interrumpo) ¿Se pueden decir nombres?
-El año pasado he dado clases de surf al ‘cuqui’, al que hace de Amador Rivas (cambiando el tono de voz); ¡Merengue!, ¡Merengue! (carcajada) De la serie ‘La que se avecina’. Me eché unas risas de la hostia con él. Hemos dado clase de surf al cantante Jorge Drexler. Muy amigo de la escuela, viene bastante por aquí. A Eduardo Noriega… Como a ellos tres a muchísimos más.
-Y continuando con lo de las anécdotas curiosas...
-Gente que, aunque les expliques y les expliques todo perfectamente, igual cogen y se ponen tan nerviosos al entrar al agua, que se ponen con la tabla al revés, con las quillas para arriba y remando por el bottom de la tabla. O peña que es superatlética, son deportistas profesionales, se lo explicas todo perfectamente, y, con un pico perfecto, en la primera ola de su vida, la reman, se ponen de pie y se pegan un bordeo. Ciencia ficción, pues luego se dan cuenta que el surf es súper complicado y lo que ha hecho es por la perfección de condiciones de ese día.
-Viniendo ya a los tiempos actuales, se puede decir que habéis diversificado el negocio, con la Escuela Cántabra de Skate, de SUP... ¿A qué responde esta diversificación, a un deseo de dar alternativas a una práctica, la del surf, que en verano puede encontrarse con días de total ausencia de olas?
-Con los años, el surf se ha ramificado en gamas y hay distintas familias.  Se hace surf, bodyboard, longboard…El Stand Up Paddle sí es una buena alternativa para los días que el mar está completamente ‘quedao’ o plato. Ya llevábamos tiempo dando otras disciplinas a la gente de nuestros camps, tanto de chicas, como de menores, adultos... Siempre nos gusta una o dos veces a la semana meterles una actividad distinta. Pero el verdadero motivo de esta especialización es que el surfing es muy sectorial, se mueve un poco por tribus. El surfista con el paddlero como que se riñe. Si haces una cosa no puedes hacer otra. No puedes ser un waterman que hace kitesurf, surf, skate, bodyboard, kneeboard, stand up paddle… El surfista hace tabla corta y hace tabla corta; con su surfboard y, cuando está grande, saca su ‘pinchaco’ y se va al agua a coger olas grandes…
-Hablado de los camps, hacéis camps exclusivos para chicas, para niños, organizáis también un festival de música, habéis consolidado en el calendario competitivo el Open Escuela Cántabra de surf, luego hacéis pequeñas cosas que, para promocionaros y para que os sigan, son todo un acierto como colgar todos los días a primera hora, en vuestro Facebook, una foto de la playa y de las condiciones. ¿Todas esas ideas de dónde surgen?
-En ese sentido podemos considerarnos una gran familia. Las ideas surgen de las propias aportaciones de mi hermano Nacho y su visión como free surfer, de todo lo que ha ido viendo por el mundo. También de las aportaciones que hace el encargado de la escuela, que es Ali. La propia visión de las chicas de la tienda. Y por último mi propia experiencia y mis propias ideas. El conjunto de todo, con las reuniones periódicas que hacemos, hacen que surjan nuevas ideas y que la escuela siempre esté viva y creciendo. También viajar es muy importante. He visitado muchas escuelas por el mundo y he conocido a muchos directores. Por ejemplo, la escuela de Richard Smith, en California, ahora la lleva un amigo mío, y hay un intercambio constante de ideas. Y de otras escuelas australianas que he visitado. Si quieres ser profesional del deporte, tienes que nutrirte de gente que tiene más experiencia que tú y esto es un poco lo que hace que te diferencies del resto. 
Los inicios en el surf fueron muy familiares (Fuente ECS)

-¿Digamos que hasta para las escuelas, que enseñan, la formación es continua?
-El surf nunca es una lección bien aprendida. El mar te enseña cada día cosas nuevas. Siempre hay alguien mejor que tú, como en la vida misma. La peña esta que dice ‘¿Qué me vas a contar a mí que tengo 35 años o 50 años?’ es tonta, no se da cuenta que está en proceso de aprendizaje y de desarrollo como persona y por supuesto como surfista. Eso lo aplicamos también a la escuela. Somos conscientes de que hay gente por ahí muy buena, que lo hace muy bien, e intentamos fortalecernos con la experiencia de otros.
-A este respecto… ¿En el surf se da bastante la figura del que se cree que lo sabe todo?
-En el surfing pasa una cosa muy curiosa. Al principio, cuando estás aprendiendo, la sensación que produce es de ‘joder, ¡qué malo soy!, soy muy pardo, me caigo en casi todo’. En cuanto pasas esa barrera de coral y consigues entrar a un pico, medio buitrear, y conseguir hacerte derechas e izquierdas de forma independiente y con velocidad y alguna finalización, eso te  provoca una sensación adrenalínica que te hace alucinar y creerte la hostia. Esa es la crecida que tienen muchos malos surfistas en el agua, que se vive a diario, de gente que no tiene ni idea, y se creen los dueños del pico y los mejores. Tú nunca verás a un buen surfista montando el pollo, o metido en un ‘fregao’. Eso es típico del mal surfista, que paga su frustración en el agua con los demás. El buen surfista tiene un grado de humildad y destaca en el agua por su surfing. El surfing hace creerte muchas veces más que los demás o que haces más de lo que haces. El floater que creías que te has hecho o el reentry no llega ni a giro, la ola que te pensabas que era de metro y medio, te llega por aquí (se señala por debajo del pecho)… Por eso es importante verse en vídeo y tener capacidad autocrítica. Verte en vídeo te pone en tu sitio y te hace decirte: ‘¡Qué malo soy!; me queda mucho por aprender’.

-Hablando de esa pedagogía del surf, ¿qué es más importante para ti, un instructor de surf que sea muy buen surfista, o un profesional que igual no sea tan bueno en el agua, pero que sepa transmitir y enseñar los conceptos?
Capi: "Un buen profesor tiene que tener una técnica perfecta".
-(Sin dudarlo). Las dos cosas. Tanto que tenga capacidad de saber hablar y que le entiendan los alumnos, y que se exprese bien tanto a los alumnos jóvenes como a los de una determinada edad. Porque aquí te vienen tíos de cuarenta y pico años a dar clases de surf. Igual al que estás dando clases de surf es un profesor de un instituto. Por eso, es importante que entienda lo que le quieres transmitir, más allá de la esencia del surfing y la pureza de este deporte. Pero igual de importante que tener una buena pedagogía es ser un buen surfista y saber por ejemplo leer el mar, ser un gurú de las olas. No meter a la gente en mitad de una corriente… Dar clases de surf de una forma eficaz, de tal forma que el alumno aprenda desde el primer día hasta el último. En este sentido, ha habido una fiebre de titulismo y se ha permitido que prácticamente cualquiera tenga una titulación de monitor de surf. Nosotros recibimos  casi treinta correos al mes, uno diario, de gente que quiere trabajar con nosotros y lleva uno, dos años o seis meses cogiendo olas. O gente que acaba de ser alumna nuestra y se ha sacado el título y quiere dar clases. Cosas irreales e ilógicas. Es muy fácil engañar a alguien que no sabe de surfing. Yo a veces escuchó a alguien hablando de surfing, gente que lleva dos o tres años cogiendo olas, y como hay tanta información en Internet, o se ha leído una revista, o se ha visto el campeonato de CT en Fiji, o en Brasil… están muy al día. Les oyes hablar y realmente fuera del agua parecen verdaderos surfistas. Es muy fácil, aprender la técnica, expresarse bien y dar clases. Pero luego el surfing es de la orilla para adentro, ‘Eso’ no se le puede olvidar a nadie. La demarcación de costas de Cantabria es de la orilla hacia el interior; y capitanía marítima, de la orilla hacia dentro. Pues el surfing es igual: de la orilla hacia dentro. El resto, lo que pasa fuera, esta entrevista, es ajeno al surfing. Esta es mi visión más cósmica (sonríe)… Y la realidad.

El Somo de los Ochenta

-Llevas casi 25 años dando clases, pero supongo que haciendo surf llevarás unos cuantos más, ¿cuándo y cómo fueron tus inicios en el surf?
-Comencé en el camping Derby de Loredo con mis primos Dani, Raúl y Fosi, mi hermano Nachete y mis primas. Tendría unos ocho años. Nuestro tío Chele, que en paz descanse, nos compró un bodyboard a cada grupo de primos, con stringer, cola de golondrina y dos quillas. Eso fue hace treinta y un años. Posteriormente, conseguimos nuestras primeras tablas. Una Jerónimo roja y una Xpeedin’, compradas por mi tío y mi padre. Yo creo que fui el primero en ponerme de pie. Al principio surfeábamos en la zona de Loredo, pero enseguida empezamos a ir a La Roca, a Las Quebrantas… Con catorce o quince años, veníamos de Santander con la pedreñera a Somo a surfear, o nos buscábamos gente con carné de conducir para explorar otras playas. Empezaron los primeros viajes… Empecé a surfear hace 31 años, en Los Ochenta.
http://www.escuelacantabradesurf.com/es/

-¿Qué o a quién destacarías de aquel Somo de Los Ochenta?
-(Sin dudarlo) Las figuras de Zalo Campa y Lara Revuelta. Para mí han sido las dos personas que han vivido el surfing con más intensidad. Tenían una mentalidad muy avanzada y visionaria y fueron los precursores a la hora de esponsorizar a chavales. Todos los de mi edad pasamos por el equipo Xpeedin’ junto a la posterior generación, de Guti, Míchel, etc… Nosotros luego hemos intentado coger el relevo, pero ellos fueron los que hicieron todos los campeonatos de surf… Y de una forma muy desinteresada, porque la gente se piensa que cuando organizas un campeonato de surf es para ganar dinero. Realmente un torneo es trabajo, pierdes pasta y lo haces para que la gente compita y suban su nivel de surfing, vean nuevos surfistas y se empapen de nuevas sensaciones. (Rememorando) Aquí Zalo organizó un campeonato que vino Nick Lavery, Jorge Imbert, los Fernández… Los conocías de oídas, pero nunca les habías visto y gracias a Zalo les vimos en el agua. Luego, nosotros hemos querido hacer un pro-júnior, para que viniesen chavales profesionales y subiesen el nivel. Y el open que hacemos es muy abierto precisamente para que venga todo tipo de gente. Surfistas como Jean da Silva, Angelo Bonomelli… Italianos, brasileños, costarricenses…
-Y regresando al Somo de los ochenta…
-¿Personajes de la época? Buff, en aquella época personajes eran todos. Era una época más vivida… No es como ahora que surfea todo tipo de gente; está todo más accesible. ¿Trajes? Cuatrocientos trajes, de mil colores, mil texturas, mil marcas, gama media, baja, alta... Antes estaba todo el mundo muy equiparado, y si venía alguien de fuera, novedoso, llamaba la atención y te fijabas. Antes estabas solo en el agua veías a tres y te juntabas, ahora ves a tres y… ¡Te alejas de la peña! A ver si va a ser un loco y te va a gritar (risas).



jueves, 5 de junio de 2014

.Surf y Arte: Deva Martín Solar y sus murales urbanos en Fuerteventura



Deva Martín Solar es sin duda una de nuestras deportistas más internacionales. Campeona de España de Bodyboard desde el año 2007, subcampeona de Europa en 2010,  un séptimo puesto en un Campeonato del Mundo, tres veces seleccionada por la Federación Española para competir en el Eurosurfing… Pero Deva está siendo estos días noticia por un motivo completamente ajeno al bodyboard,  a sus increíbles maniobras o sobresalientes resultados en alguna competición nacional o internacional. La cántabra ha saltado a la palestra al dejar su indeleble huella artística en dos inmensos murales situados en la isla canaria de Fuerteventura. El primero, de vivos colores, se encuentra en la fachada de un edificio situado, estratégicamente, en mitad de la ciudad de Puerto del Rosario, y el segundo está en un muro de gran longitud, en Corralejo, también perteneciente a Fuerteventura.
 Para el primer mural, Deva decidió dibujar una niña regando un corazón, una alegoría que intenta recordar a las personas que hay que “amarse” y “respetarse” a diario, de lunes a domingo, siete días por semana, los 365 días del año.

  “Mi primera obra es una niña regando un corazón. Creo que, en este mundo, cada día es más necesario recordar a las personas que hay que amarse y respetarse los unos a los otros; y quería que la gente, cada vez que pase por ahí, se pare a pensar un segundo en eso. Creo que es un mensaje bonito y que tiene mucha fuerza”, argumenta la joven pintora, que acaba de cumplir 30 años.
 En el segundo mural, en el de Corralejo, Deva ha querido plasmar la gran conexión espiritual que siente con Fuerteventura, ínsula que considera “mágica”. También es una obra mucha más surfera, al aparecer olas muy tuberas como las que Deva surfea a diario. “En el segundo mural, lo que he querido representar es lo mágica que es para mí esta isla.  En un principio, he destacado el mar, sus olas perfectas… Un paraíso en medio de un desierto… He metido sirenas, ya que para mí esta isla tiene un toque mágico, y las he situado de forma que expresan tranquilidad, como la isla en sí, y belleza”.
 El espectador que visione alguna de las obras realizadas por la bodyboarder enseguida se percatará de un estilo alegre, cálido y rompedor; lleno de luminosidad y de una gran variedad cromática que inunda las retinas y rompe el tono monocorde y anodino de los espacios urbanos de la isla, donde impera el impoluto blanco.  La cántabra a la hora de hablar de su estilo destaca el concepto de “fusión”, que le permite mezclar el graffiti con el óleo, ya que lo que busca, a menudo, tanto en sus pinturas como en sus murales, es “conseguir simular con los pinceles ese efecto spray tan característico de los graffiteros”.
  Para Deva poder pintar en Fuerteventura supone un “privilegio”, “un sueño hecho realidad”, pues es una isla que guarda para ella una gran significación a nivel personal.  “Estoy muy contenta de que me eligieran a mí para pintar estas dos paredes. Es un privilegio para mí, por un doble motivo.  Primero, al encontrarse ambos murales en muy buena ubicación;  y segundo, porque esta isla significa mucho para mí”. “Que me den esta oportunidad de darme a conocer es un sueño hecho realidad”, concluye.

 Una oportunidad que llegó gracias a otra figura estelar del bodyboard nacional, Eunate Aguirre, que, conocedora de las dotes artísticas de Deva, envió alguna de sus pinturas a la Oficina de Urbanismo.
 “La idea de pintar los murales surgió en Fuerteventura, donde la pintura de murales está muy de moda. Un día hablando con Eunate Aguirre, campeona del mundo de bodyboard y compañera de tantas competiciones y viajes, me dijo que iba a mandar mis cuadros a una chica que trabaja para Urbanismo, a ver qué le parecían, para hacer un mural gigante. Los cuadros gustaron mucho y al mes siguiente me llamaron para realizar el trabajo más grande que jamás podía haber imaginado”, explica la campeona cántabra, que ha impuesto su dictadura en el campeonato de España de Bodyboard, que domina con mano de hierro desde 2007.
 Enfrentarse a un mural sobre una pared blanca de doce metros supone un reto similar o mayor al de hacerlo a una ola grande. Deva recuerda así el primer día en el que tuvo que verse cara a cara con semejante folio en blanco: “Tras ponerme delante de aquella enorme pared blanca de 12 metros de altura me asusté un poco, (risas). Enseguida me puse manos a la obra.  Comencé con el boceto. Estuve durante una semana entera dándole vueltas”. Al igual que con el bodyboard, Deva no se asusta ante los desafíos y, cuanto mayores son éstos, más se crece la campeona de España: “Tengo que reconocer que esto ha sido un reto para mí y que, cuanto más grande es el dibujo, más disfruto”.
 La pasión por la pintura para Deva no es algo nuevo. Es algo que le viene de lejos. Tal vez desde antes incluso que empezara a surfear. Una pasión que le debe a su madre:
 “Pinto desde que tengo uso de razón.  Toda mi vida he sido autodidacta y me ha encantado pintar con las propias manos sin usar apenas los pinceles. Siempre los profesores del colegio e instituto me apoyaron mucho en este ámbito, pero sobretodo mi madre, ella siempre dibujó muy bien e insistió en que yo tenía que dedicarme a este trabajo, lo cual se lo agradeceré cada día”, explica, emocionada. 
 Por último, Deva no descarta poder hacer algo similar en Cantabria. “Hace poco me llamó Guillermo Blanco,  que fue concejal de deportes de mi pueblo, Suances, y, en un par de semanas, he quedado en reunirme con él para hablar sobre un posible proyecto en mi pueblo, que yo estaría muy orgullosa de llevar acabo”. Un proyecto que de materializarse permitirá a los cántabros disfrutar de los colores y formas de los que ya disfrutan en Canarias y de un auténtico arco iris en el cielo gris del urbanismo costero regional.

domingo, 11 de mayo de 2014

¿Los ingresos del surf en Cantabria revierten en los surfistas?



La estadística de que el surfing  genera en Cantabria 12.1 millones de euros al año no ha debido de dejar  indiferente a nadie. Durante estos días, los familiares, amigos y demás allegados de los empresarios del sector deben de haberles ‘frito’ a llamadas, para decirles: “Macho, generas 12,1 millones anuales, ¿dónde los guardas? Déjame alguno”. Parece que tras la crisis, la explosión de la burbuja inmobiliaria, el hundimiento del sector de la construcción…, los empresarios del surf se han convertido en el nuevo motor de la economía nacional y han tomado el relevo de El  Pocero, El Sandokán y demás exitosos empresarios del ladrillo del pasado. No sería extraño que alguno tuviera ya hasta cuentas en Suiza, Islas Caimán o en próximas fechas encargase la construcción de algún yate de 45 metros de eslora, en alguno de los astilleros españoles.
Bromas a parte, si realmente el surf genera 12.1 millones (no sé si son 12.1, 12 ó 6.4; desconozco por completo la metodología empleada para dar esas cantidades con tanta precisión)… ¿Dónde se encuentran? La respuesta es evidente. El surf provoca un poderoso efecto llamada del turismo (no hay más que darse una vuelta por los picos para verlo), pero una buena parte de los ingresos que genera va a parar a sectores ajenos al propio negocio surfero. Hostelería, alimentación, los supermercados hacen el agosto… Y a pagar impuestos. De ahí que las instituciones, otrora sancionadoras de la práctica del surfing (hace tres lustros multaban por su práctica en El Sardinero en verano), se han percatado de las bondades del sector, de un sector en alza, y pretenden dinamizarlo a toda costa.
El reconocimiento público de la importancia del surfing en la economía debería ir más allá de una rueda de prensa, tendría que venir de la mano de medidas ‘proporcionales’ a semejante peso específico. Becas para los deportistas, ayuda tanto pública y privada para la financiación de torneos nacionales e internacionales, festivales, etc. Actuaciones que no se limiten a provocar un crecimiento o desarrollo de este deporte únicamente cuantitativo, sino también cualitativo. 
 Desde el punto de vista de la competición,  comunidades cercanas, como la gallega, nos sacan años de ventaja; pues cuentan con el Pantín Classic desde hace décadas, y aquí, en Cantabria, tuvimos la breve experiencia de la prueba del WQS celebrada en Liencres en 2005, todo un éxito de público y organización, por parte de la Federación Cántabra de Surf, que, por desgracia, no tuvo continuidad ni se afianzó en los calendarios competitivos, en esas fechas previas a que la caravana del Circuito Mundial haga escala en el viejo continente. En la prueba de Canallave se pudo disfrutar en vivo y en directo de surfistas de la talla de Russell Winter (primer europeo en entrar en el top-44), Jarrad Howse, Ben Bourgeois, Kai Otton y un jovencísimo Aritz Aramburu. En este sentido, tampoco resulta obligatorio crear algo nuevo, se podría potenciar por parte  de las instituciones torneos ya existentes como el de olas gigantes de La Vaca, que en cada una de sus ediciones, a parte de atraer a numeroso público de fuera y a los principales gunners nacionales, e incluso algunos bigwaveriders internacionales, provocaba un gran impacto mediático, siendo noticia en los telediarios a nivel nacional y situando a Cantabria en el mapa del surfing internacional.
 Pero  no toda inversión pública en el surfing  tiene que ir encaminada a fomentar el turismo. Los locales, a los que los torneos les importan más bien poco y de junio a septiembre ven alterada su rutina de olas, verían por lo menos algo positivo y no sólo inconvenientes, en  la nueva importancia del surf como generador económico, si fuese acompañado este fenómeno de una mejora en cosas tan básicas como la seguridad,  fundamentalmente, en unos parkings, los de las playas, que de octubre a abril están alejados de la mano de Dios. La presencia habitual de patrullas de policía local o guardia civil serviría para desterrar una serie de robos que generan inseguridad, una mala imagen y echan por tierra, en una fracción de segundo, toda la inversión económica de campañas publicitarias. Duchas que funcionen todo el año, playas con servicios de limpieza periódicos y no únicamente en temporada alta, etc. serían otras de las medidas que ayudarían a percibir por parte del surfista que algo de estos 12.1 millones revierten en el surfing y no se van fuera del mundillo.