lunes, 24 de marzo de 2025

Océano Surf Club, más que un club

 

 ‘Más que un club’. Un lema del que abusan cada vez con más frecuencia las asociaciones deportivas para distinguirse de sus rivales y dejar claro que lo suyo trasciende  de la mera actividad física y de la competición atlética y alcanza tintes espirituales,   místico-existenciales y de filosofía de vida. En el caso del Océano Surf Club, el decano de los clubs de surf en Galicia, esta afirmación  no es mero marketing  humeante, sino que responde a la realidad. Organizador durante años del Pantín Classic, el club fue también catalizador de las actividades conservacionistas, en aguas de Galicia,  de la Surfrider Foundation y, desde hace 6 años, promueve el ambicioso proyecto editorial ’Libros del Océano’,  que da a conocer las creaciones culturales de artistas locales vinculados al surfing.

  Desde el año 2006, Jesús Busto (Ferrol, 1975) es la cabeza visible del Océano Surf Club como su presidente. Además, fue el Coordinador General del campeonato Pantín Classic en los años 2006 y 2007. Entre 2000 y 2010 lideró también la antena local de Surfrider Foundation en Galicia. Ha sido campeón gallego de longboard en 4 ocasiones, entre los años 2013 y 2019. Como presidente del Club, ha sido uno de los impulsores del Océano Surf Museo de Valdoviño.  Apasionado de la escritura y de la literatura, Busto coordinó la redacción del libro que cuenta la historia de las 20 primeras ediciones del Pantín Classic. Desde 2009, ha publicado mucho de lo que ha escrito en el blog desdelacroa. Dentro de la estructura del Club, y desde 2019, junto con Carlos El Rojo y Belén Otero, han promovido el proyecto editorial  Libros del Océano, con el que buscan dar a la luz obras de pintores, fotógrafos y escritores locales. Tras ‘Libres en el mar’  y  ‘El último hombre libre’,  ha lanzado al mercado ‘Otro mar’, el libro definitivo que cuenta los orígenes del surf en Galicia. Hasta el momento  su última publicación como autor en Libros del Océano.

 

Obras editadas por Libros del Océano.


-Lo normal es que un club de surf se limite a organizar torneos, competiciones, quizá alguna proyección de películas, documentales para sus  socios, si me apuras alguna comida o cena de hermandad anual… Pero vosotros además de haber  estado organizando durante años el mítico Pantín Classic,  habéis tenido integrado en vuestra estructura la delegación territorial de la Surfrider Foundation, y ahora gestionáis  una editorial que publica libros de autores locales…  ¿El Océano Surf Club rema contra la serie?

-No creo que rememos contra la serie. Si es así, lo llevamos haciendo desde nuestra fundación. Y bueno, remar es una parte importante del surf. Quienes fundaron el Club en 1987, ya incluyeron en sus estatutos actividades tales como, transcribo literalmente, “preservar y mejorar en la media de lo posible el entorno surfístico-ecológico” o “colaborar en las tareas de socorrismo y salvamento”. Hace 38 años todo estaba por hacer, y más en Galicia, en donde no existía en torno al surf ningún tipo de estructura. Tal vez,  por eso,  el Club nació con unas miras y objetivos tan amplios. Vicente Irisarri, Carlos Bremón, Gonzalo Barro, Macamen Aguilar y todos los que formaban aquel grupo, no solo practicaban surf. Tenían toda una serie de inquietudes y preocupaciones vinculadas con el surf, el océano, la sociedad, la cultura…, y encontraron en el Club un vehículo para darles respuesta. Y los que tomamos su relevo hemos mantenido dicha filosofía. Nos gustaría lograr que los proyectos que desarrolla el Club transciendan más allá del propio proyecto. Echando la vista atrás, y viendo lo que el Pantín Classic ha supuesto para tanta gente; los logros alcanzados de nuestra colaboración con Surfrider Foundation, que se revelaron como fundamentales durante la tragedia del Prestige; el apoyo que hemos prestado a otros eventos con los que compartimos valores como el Ferrolog, Onda Longa o Choco-champ; el impulso que desde el Club dimos al Océano Surf Museo de Valdoviño; nuestra asociación con la organización Alianza Surf y Naturaleza y la inclusión, en los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo de la costa española, de 369 rompientes singulares de interés para el surf; o la propia editorial Libros del Océano, son muestras que nos permiten pensar que estamos alcanzando nuestros objetivos: lograr un impacto positivo y perdurable en la comunidad a la que  pertenecemos.

 

-¿Por qué surgió la idea de hacer una editorial, como Libros del Océano, dentro de la actividad del propio club?

-Tras 20 años organizando el Pantín Classic, en 2007, tomamos la decisión de dejarlo. El campeonato exigía cada vez más tiempo y recursos para una organización amateur como la nuestra. Era tal la exigencia, que el resto de actividades habían quedado casi olvidadas y desatendidas. El tour mundial iba, además, en una dirección con la que cada vez nos sentíamos menos identificados.  Ese año, aun sin editorial, editamos nuestro primer libro, un volumen que recogía los 20 años de historia del campeonato. En él, se incluía un artículo que contaba como habían sido los orígenes del surf en Galicia. Con la idea de indagar más sobre esos inicios, y darles forma en un libro, nació la editorial. ‘Libros del Océano’ encajaba perfectamente con la nueva dirección que le queríamos dar al Club. Con la aparición de las escuelas de surf a principios de la década de 2010, la tarea de fomentar la actividad deportiva y de competición ya era desarrollada por ellas, de un modo, además, mejor organizado y estructurado. Nuestro papel no estaba ahí. Decidimos centrarnos en la educación, el medioambiente y la cultura, y la editorial nos permitió dar salida a esas tres inquietudes.

 

-Nos puedes hablar de la colección y de los autores que habéis conseguido recopilar a lo largo de vuestros años de duro trabajo editorial. ¿Algún título del que os sintáis especialmente orgullosos de haber sacado a la luz y distribuido?

-La editorial busca sacar a la luz proyectos editoriales de autores, fotógrafos, dibujantes..., de nuestra comunidad, que comparten con nosotros una especial relación con el mar. Desde nuestros inicios, hace ahora 6 años, hemos editado libros de artistas locales como la pintora Blanca Escrigas, o los fotógrafos Eloy Taboada y Pablo López Hernández. También libros de temática ambiental como el ‘Cuaderno de Cultura Oceánica’ del profesor Juan José González Trueba, o el ‘Manifiesto para la protección de las olas’. O la biografía del pionero del surf en Galicia, Roberto ‘Tito’ Fariña, ‘El último hombre libre’. Además de éste, he sido el autor de ‘Libres en el mar’ y ‘Otro mar’, el libro que cuenta los orígenes del surf en Galicia, y que en cierto modo fue la llama que encendió el proyecto de la editorial. Nos sentimos igualmente orgullosos de todos los libros que hemos impreso, de lo contrario no los hubiésemos publicado. Las tres personas que más participamos en el proyecto, Carlos El Rojo, Belén Otero y yo mismo, somos unos apasionados de los libros y el diseño editorial, así que no editaríamos nada que no nos gustase tener en nuestras bibliotecas. ‘Otro mar’ fue la obra que motivó la creación de la editorial, y tal vez por eso ocupe ese lugar especial, por el significado que tiene como libro, y por todo el esfuerzo e ilusión que los tres hemos puesto en él.

-A nivel personal, como bien dices, has sacado ‘Otro mar’, que narra la historia del surfing en Galicia. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Hay mucha diferencia entre ser autor y editor? ¿Cuál de los dos roles te resulta más satisfactorio?

-Dediqué a ‘Otro mar’ 12 años de investigación, así que imagínate lo que ha supuesto para mí. En pocos proyectos he puesto tanto esfuerzo y horas de trabajo. El proyecto me ofreció una oportunidad excepcional: Conocer a un grupo de personas increíbles que depositaron en mí su confianza para que contase su historia. Un relato que es un verdadero regalo para todos los que nos sentimos vinculados con el mar, pues nos ofrece, a través de sus experiencias vitales, una guía de cómo afrontar la vida para lograr algo que debería ser sencillo: ser felices.

 Con la pregunta sobre la diferencia entre ser autor y editor, entramos en un tema interesante. Todo el mundo tiene claro que es ser “el autor”, pero no todos los autores entienden el papel fundamental de los editores. Como editor, mi función es acompañar al autor para lograr que su manuscrito, al que ha dedicado tantas horas y esfuerzo, crezca y se transforme en una obra mejor. Como autor es muy importante saber tomar distancia de tu propia obra y confiarla a los demás; es lo que harás cuando el libro salga a la luz. Pero antes de hacerla pública, que alguien te indique que partes de tu obra no encajan, están poco desarrolladas, o precisan de correcciones de estilo o puntuación, es fundamental. El autor ha de dejarse aconsejar, y el editor,  respetar el enfoque y estilo del autor.

Con los dos roles disfruto un montón. Escribir es una de mis pasiones. Me gusta todo: el proceso de documentación, la creación de la estructura del texto, su desarrollo y ver cómo va tomando forma, la corrección… Como editor, mi labor empieza cuando el trabajo ya está avanzado. Me ofrece la oportunidad de adentrarme en las obras de otros, de colaborar, de participar ayudándoles a darle forma; y cuando al final todo encaja, tras la labor de Belén (también en la edición) y Carlos con el diseño, la satisfacción es muy grande.


Portada de la obra de Jesús Busto.


 

-La popularización del surf, el hecho de que nunca haya habido tantos practicantes como ahora, ¿crees que se ha traducido en un incremento de potenciales consumidores de obras culturales relacionadas con el surf o sólo ayuda al fabricante de tablas y camisetas? ¿Cómo ves el mercado literario de libros relacionados con el surf como editor?

-El mundo editorial es complejo. La mayoría de las librerías te exigen trabajar en depósito. El margen de las distribuidoras es inasumible para una editorial pequeña como la nuestra. La avalancha de novedades en seguida lleva al olvido el libro en el que has trabajado tanto y en el que has puesto tanto esfuerzo. La atención de los medios, incluso de los especializados, es casi inexistente, por lo que resulta incluso difícil llegar de modo efectivo a los que deberían ser tus clientes potenciales. Lo normal sería pensar que a más practicantes, mayor número de personas interesadas por todo lo que rodea el surf, pero mucha gente se queda sólo con la práctica deportiva, perdiéndose todo lo demás. Una pena.

  En cuanto al mercado literario de libros relacionado con el surf, se puede decir que es mínimo, tanto a nivel local como internacional. Tenemos excepciones, afortunadamente. Es de destacar la gente de The Fishbone Project; aunque la mayoría de sus autores son extranjeros, nos ha regalado varios títulos que deberían estar en toda biblioteca sobre surf que se precie. Tony Butt ha hecho también aportaciones muy interesantes desde el punto de vista de la oceanografía y la ciencia. Javi Amezaga y su proyecto editorial han retratado la escena vasca desde enfoques diversos. También Javi Muñoz Pacotwo, y su labor con Mar Gruesa (la publicación) y el libro Potxoka, están entre lo que merece ser destacado. Y como no, Joserra de la Mar y sus diferentes fanzines, sobre todo Sifón y la serie Uhane. Hay libros que aún no tengo, como el dedicado a Fuerteventura por Manu Miguélez…

-En España cuando un artista centra su obra en temas de surf parece que tiene que exponer en escuelas, tiendas de surf, bares al lado de la playa… Como editor, ¿has visto alguna dificultad a la hora de colocar tus libros en librerías genéricas o convencionales o hacer allí una presentación?

-La verdad es que hemos encontrado la misma acogida en librerías que en tiendas de surf. Te diría que incluso la acogida ha sido mejor en librerías. Hay muchas tiendas de surf que no ven la literatura en torno al surf como algo de interés a incluir en su catálogo. Pero la realidad desmiente esa idea: nuestros dos mayores puntos de venta son tiendas de surf, lo que demuestra que este tipo de productos tiene también su salida comercial si se trabaja.

 

-Desde mi punto de vista, en España, creo que el único que ha conseguido hacer libros relacionados con el surf y que transciendan fuera de él ha sido el escritor y fotógrafo vizcaíno Willy Uribe. ‘Nanga’ y sobre todo ‘Los que hemos amado’ son obras maestras de novela negra, aunque sus protagonistas sean surfistas… Nos puedes hacer un top cinco con tus libros favoritos de temática surfera para esos días que no hay olas…

-En mi lista estaría sin duda ‘Nanga’. Willy Uribe ha sido una de mis mayores influencias a la hora de escribir, no tanto por sus novelas, sino por el modo en que aborda la historia y la cultura surf en sus artículos y relatos. Pero como ya has citado ‘Nanga’ y ‘Los que hemos amado’, citaré obras de otros 5 autores nacionales:

-Un surfista en busca del paraíso, de Íñigo Urdinaga, editado por Salbera.

-Un aplauso para el astronauta, de David Moreu, editado por Silex Ediciones.

-La historia del surf en España, de Daniel Esparza, autoeditado.

 -El viaje de Odei, de Javi Iraizoz, editado por libros.com

-Cuaderno de cultura oceánica, de Juanjo González Trueba, editado por Libros del Océano.

 

-Y otros cinco que tengamos que leer antes de morir de literatura universal…

- Evitando a los clásicos que suelen aparecer en este tipo de listas, he elegido 4 autores que han escrito sobre el océano o la cultura oceánica, y una obra que acabo de leer y que me ha gustado mucho:

-Parte de una historia o Gran Sol, de Ignacio Aldecoa.

-Hawai, de James A. Michener.

 -El mar que nos rodea, Rachel Carson.

-Un mar sin límites, de David Abulafia.

-La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa.

 

viernes, 17 de enero de 2025

Rescates a surfistas. ¿Quién debe pagarlos?

  
Las playas son promocionadas como parques de atracciones.


  En los últimos meses, Cantabria ha sido noticia por una serie de rescates a deportistas que requirieron grandes despliegues tanto técnicos como humanos sobre el terreno. Sucesos acontecidos tanto en cuevas como en montes de Cantabria, que aparte de haber sido como dicen ahora “trending topic”, han ido acompañados de una considerable controversia social unida a la recurrente pregunta de quién debe correr con los gastos que genera socorrer a los accidentados. La práctica del surf tampoco es ajena a esta polémica, pues, aunque no suele ser muy habitual que un surfista tenga que ser rescatado del agua en helicóptero o en barco, a veces pasa y entonces el debate está servido. Mientras que en el caso de la montaña y de la espeleología, los partidarios de que el rescate debe de correr a cuenta del accidentado defienden que debe ser así , siempre y cuando, éste haya decidido echarse al monte cuando había un parte meteorológico que anunciaba circunstancias adversas, o no llevaba el material o preparación necesarias, en el surf la cosa no parece estar tan clara, en un deporte en el que precisamente sus practicantes requieren de situaciones marítimas adversas para poder disfrutar de las olas. 

  El caso más reciente en el que un surfista, o mejor dicho, un practicante de surf, requirió de equipos de emergencia para salir del agua aconteció el pasado 8 de diciembre de 2024, fecha que no es en absoluto baladí, en el que un madrileño de 30 años tuvo que ser rescatado en las Rocas de Punta Ballota, en Suances. Para que el hecho tuviera un desenlace no trágico hubo que movilizar al helicóptero del Gobierno de Cantabria, policía local de Suances, bomberos de Torrelavega, Guardia Civil y los equipos de intervención terrestre de Protección Civil. Como es lógico, la difusión de la noticia generó el mencionado debate social y la posterior pregunta de quién debe correr con estos gastos. 

  Una pregunta que ni mucho menos puede considerarse retórica, pues requiere una respuesta clara, concisa, contundente e inequívoca por parte de unas administraciones públicas que se mueven en el más absoluto de los inmovilismos, provocando que las dos o tres veces que ocurren al año hechos similares se reproduzca de forma puntual la misma y ya algo cansina polémica. Tal vez, la creación de un grupo de trabajo en el que aportasen sus diferentes puntos de vista responsables de las diferentes federaciones deportivas afectadas o practicantes expertos ayudaría a contar con una normativa a la que sujetarse para decretar quién debe pagar un rescate la próxima vez que ocurra un incidente de estas características. Mientras tanto, la propia comunidad surfera parece tenerlo muy claro sobre la cuestión de quién debe pagar los rescates a surfistas en apuros.

  David García, Capi, fundador de la primera escuela de surf en España, con más de 40 años de práctica ininterrumpidas del surfing a sus espaldas, viajero impenitente y conocedor de las olas más extremas del planeta, lo tiene bastante claro y considera que este tipo de accidentes ocurridos en el mar y protagonizados por surfistas deberían ser costeados por “todos”, al igual que ocurre en la montaña o “si te despeñas con una bicicleta por un barranco por Alisas”, o si “a uno le coge la niebla en el monte y se pierde”. A su juicio, a la gente le gusta hablar mucho de la “responsabilidad”, pero “por la misma regla de tres” que establece que un surfista tiene que pagar por la operación de rescate empleada para sacarle del agua, podríamos preguntarnos que un accidente de tráfico en el que hay que sacar a un tío del coche y evacuarlo en helicóptero qué es.

   Otro de los que se pronuncian es Alejo Solar, local de la playa de Los Locos, pionero del SUP en España, empresario surfero y copropietario de La Surfería, en la playa de la Concha, otro mítico arenal de Suances. Alejo no responde ni con un sí ni con un no la polémica, pero aporta un punto de vista que igual hace que los que se decantan rotundamente por la postura de que el surfista madrileño debería pagar el rescate se lo piensen dos veces. Alejo recuerda que los surfistas a lo largo del año sacan a muchas personas del agua. Rescates, auxilios, intervenciones como el que saltó a los medios en el mes de diciembre, pero que a diferencia de éste, no tienen ninguna repercusión mediática, pero que sin duda son vitales para el que es sacado del agua por el surfista o los surfistas. El rescate aislado de un surfista presuntamente temerario o inconsciente no debería ocultar la realidad de que los surfistas salvan muchas vidas a lo largo del año. Los surfistas locales constituyen muchas veces un cuerpo de socorrismo de élite gratuito los 365 días del año. Los surfistas no cuestan dinero, se lo ahorran a las administraciones y a los mismos contribuyentes que ahora claman para que un surfista pague su rescate. Máxime en unos arenales que solo tienen servicio de socorrismo de junio a septiembre. Tres meses que pese al cambio climático, la modificación de los hábitos vacacionales de la gente, que esparcen sus periodos libres a lo largo del año, a ningún dirigente se le ha ocurrido cambiar o ampliar. 

   Anteriormente, se subrayaba como importante la fecha en la que acontecía el siniestro del surfista madrileño, porque aconteció un 8 de diciembre, en pleno “macropuente de la Constitución”. Unos días marcados en rojo por muchos empresarios de la hostelería que esperan, como agua de mayo, la llegada masiva de visitantes, en unas fechas pre-invernales en las que antaño mucha gente se decantaba por destinos del sur y este peninsular con clima y temperaturas más agradables y ahora optan por el norte de España . Queda extraño por parte de un gobierno autonómico que apuesta por el turismo como pilar básico y casi único de su economía, que vende el surf de forma indiscriminada a la mínima oportunidad que tiene en las ferias de turismo que acude, bajo lemas tan sugerentes como “surf a toda costa” se plantee ahora cobrar por un rescate a alguien que posiblemente se ha visto seducido por sus reclamos y eslóganes. 

   
En días así mejor no te metas.


   Para el legislador, tanto municipal como regional, el surfing se ha convertido en una práctica deportiva estratégica para lograr la tan deseada como para algunos quimérica desestacionalización del turismo en Cantabria. Los alcaldes y los empresarios quieren que los hoteles, los restaurantes, las playas y por consiguiente los picos estén llenos en diciembre como en julio, pero luego les extraña que alguien tenga que ser rescatado, porque no han caído en la cuenta que, aunque el cambio climático hace de las suyas y en diciembre puedas disfrutar de sol y 20 grados, de momento el mar no ha entrado por el aro y en diciembre los swells no son como los de agosto. Tal vez, la desestacionalización del turismo debería ir acompañada también de cierta desestacionalización de los mismos servicios que cortas de raíz cada 15 de septiembre y habría que replantearse fórmulas como que en esos puentes o en semana santa hubiese servicios de socorrismo. Servicios que alertasen o prohibiesen entrar en el agua a los surfistas poco juiciosos o desconocedores de sus limitaciones los días de temporal. Así igual luego te ahorrabas el rescate. Pero los legisladores lo quieren todo. Quieren la desestacionalización, quieren turismo el 8 de diciembre, quieren máximo ingreso, beneficio, pero con cero gasto. 

  Bajo esta premisa de apostar únicamente por el turismo como eje central de nuestra economía, como los países de la OPEP depositan en el petróleo sus únicas esperanzas de ingresos, y con otras dos que recalca Alejo Solar, sucesos como el del surfista madrileño, no sólo no serán excepcionales, sino que se van a repetir y mucho en los próximos años.

   “El tema del rescate del surfista está al alza, por varias cuestiones. La masificación del surf. Cada vez hay más gente en el agua y esto aumenta la posibilidad de accidentes y de imprudencias. Hay surfistas que se piensan que tienen el suficiente nivel para entrar en ciertos spots y resulta que luego les tiene que sacar el helicóptero. Por último, está el tema de las olas gigantes, que están de moda. Todo surfista sueña con ser bigrider, pero no todo el mundo vale ni está preparado para surfear olas grandes… Y eso es otra de las causas de accidentes y rescates de surfistas”, sentencia el experimentado surfista cántabro.

   Una tendencia al alza en el número de practicantes que no hace sino agudizar la necesidad de legislar de urgencia sobre este tipo de actuaciones de rescate por parte de unas autoridades que son al mismo tiempo responsables del fenómeno. Las campañas publicitarias turísticas gubernamentales que se empeñan en vender Cantabria como una especie de Port Aventura y sus cuevas, montañas y ahora spots, como atracciones del mismo, sin duda, contribuyen a que las probabilidades de nuevos rescates relacionados con la práctica de deportes de riesgo no solo no disminuyan, sino que aumenten considerablemente. 

  El modo de funcionar de otros países con más tradición surfística, en este tema de los rescates, podría servirnos de orientación. El polifacético y prolífico pintor y escultor cántabro Antonio Gómez Bueno, local de Los Locos, afincado en California desde hace casi 40 años, y surfer habitual de los spots más míticos de Hawaii, aclara que, en el Estado donde tiene su residencia, los rescates "los paga el estado" y que en la meca del surf "están tratando de legislar unas leyes" que incluyan una serie de casos en los que el rescatado esté obligado a pagar el operativo. 
  
"En California los rescates los paga el estado, y en Hawaii también, pero están tratando de legislar unas leyes que, en algunos casos, obliguen al rescatado a pagar, porque la cosa se les está yendo de las manos. Una cosa es rescatar a alguien en Waimea con olas de 7 metros, que le ha pillado la serie, y otra muy distinta sacar a una excursión entera de rusos borrachos que no han surfeado nunca y se han metido en Sunset. Tanto inútil teniendo que ser rescatado al final cambiarán la ley..." ,explica Gómez Bueno.

 Sea cual sea la identidad del pagador de los rescates, ya sea la administración pública, un seguro privado o el propio rescatado, Capi invoca a lo que lleva inculcando a sus alumnos en su Escuela Cántabra de Surf desde el ya lejano 1.991: el “sentido común” de los surfistas para evitar accidentes y el posterior despliegue. “Al final es sentido común y saber cuáles son tus posibilidades reales en cada baño… Tienes que tener un plan de entrada al agua, pero sobre todo un plan de salida. Eso es lo más importante cuando las olas están grandes”. 

      Un plan de entrada y de salida y una mala calibración del propio nivel surfístico que sin duda fallaron el pasado 8 de diciembre.

miércoles, 1 de enero de 2025

¿GOAT´s del deporte y de los negocios?

 

  Cada vez que un deportista que ha dominado durante lustros una disciplina deportiva  se jubila, en un alarde de ingenio, ocurre siempre lo mismo. Los medios de comunicación, la original e imaginativa prensa deportiva,  primero, y la dócil masa, después, comienzan con la monserga de si ha sido o no ha sido el mejor de la historia. Actualmente,  con esta fiebre de acrónimos ingleses que nos invade: que si fulanito de tal ha sido el GOAT (greatest of all time, como si en el rico castellano no existiesen términos para definir lo mismo: el puto amo del mundo mundial, el PAMM). Generalmente, esto genera las más belicosas controversias entre partidarios de unos u otros atletas retirados, Nadal/Federer; Maradona/Pele; Mohamed Alli/Joe Louis. Muchas de estas luchas fraticidas intentan ser dirimidas por los propios medios que las generan en encuestas de opinión  cuyos resultados tienen menos validez que las encuestas electorales que daban ganadora a Kamala Harris o dan de ganador a Pedro Sánchez.

   Últimamente,  el grado de demencia de esta frenética búsqueda desesperada del GOAT por parte de la prensa deportiva y de los aficionados es tan disparatada, que se establecen comparaciones absurdas entre deportistas de diferentes modalidades atléticas. Como si el baloncesto pudiera compararse con el fútbol, el surf con el golf o el pressing Catch con el tenis. O poniendo ejemplos más personales  y nominativos como si El Enterrador (The Undertaker), ganador de decenas de wrestlemanias pudiera compararse con Nadal, o Hulk Hogan con Maradona, o Tom Brady con Michael Phelps. En esta búsqueda ‘santogrialesca’ del GOAT de la historia del deporte no seré yo quien se pronuncie de manera categórica, pero resulta muy sintomático que cada vez que alguien quiere resaltar a un amigo o conocido la importancia de un deportista en una disciplina que desconoce siempre usa la misma comparativa: es el Michael Jordan del surf, es el Michael del golf, etc…  

 Para bien o para mal, Michael Jordan sólo ha habido y habrá uno. Michael Jordan ha sido un gran referente, para muchas personas,  en el  baloncesto y en los negocios. No sólo para los aficionados, sino también para muchos otros deportistas que como él han sido los putos amos de su actividad física. Estos cracks siguen la biografía de M.J. con la misma rigurosidad que un manual de instrucciones o una carta náutica, o con la que un mormón lee la Biblia.  El auténtico problema de estos otros GOAT  viene cuando intentan trasladar o proyectar toda su brillantez, creatividad, espíritu de lucha, capacidad ganadora y gen competitivo en los deportes fuera de las disciplinas que han dominado con puño de hierro. Como si meter una pelotita en un hoyo te asegurase ser un tiburón de los negocios.


   


 En el mundo del surf también tenemos a nuestro o nuestros GOAT´s. Personas que fueron muy buenas, excelentes, deslizándose por una ola y que ahora intentan mantener el mismo nivel en un despacho, en una oficina o en una sala de reuniones. Gente  que cree que por ser el GOAT del surf puede ser el Michael Jordan de los negocios.  Gente que cree que el caso de Michael Jordan y Nike es extrapolable al negocio del surf y que las tablas son zapatillas deportivas. Cosa que no es así por múltiples razones, en las que no voy a entrar por puro cansancio. Razones que posiblemente al común de los mortales se le escapan, pero que  surfistas que han competido durante lustros, que han conocido la importancia de tener buenas tablas, de contar con los diseños de un shaper  de cabecera que ha entendido a la perfección sus necesidades, que se ha adaptado a sus exigencias y reivindicaciones, deberían conocer.

Bautizar con tu nombre, con el increíble atractivo que tiene esto sobre los nuevos practicantes, tablas procesadas en el sudeste asiático donde las políticas medioambientales, los derechos de los trabajadores  no son como los de Occidente,  supone una estocada mortal a la vulnerable red local de pequeños talleres de shapers, que obviamente no pueden competir en precio ni tiempo invertido en fabricación de cada tabla con Asia. Es apoyar la deslocalización de la producción de las tablas de surf, como en su día pasó con las zapatillas y las prendas deportivas y con casi todo susceptible a ser producido en cadena. Algo a lo que no contribuyeron Michael Jordan ni ninguno de los deportistas que  firmaron contratos con los grandes gigantes textiles, sino que respondieron a decisiones empresariales de las propias marcas, a los ambiciosos consejos de administración de estas  en su búsqueda  incesante de beneficios.

 La idea de que un surfer ceda o plasme su nombre sobre una tabla de surf no es en absoluto un negocio novedoso. Vamos que no te van a dar el premio de empresario del año por ello. Dora ( Da Cat), Nat Young, Greg Noll (el toro), Corky Carroll, el gran Ben Aipa, Mark Richards... La historia del surf y del shape está trufado de decenas de ejemplos de campeones que tienen o tuvieron tablas con su nombre y no tiene nada de malo. Los deportistas una vez que se retiran tienen el completo derecho de ganarse la vida de forma digna y desahogada.  Algunos campeones simplemente se limitaban a  ceder su identidad, recibir el cheque,  y ni diseñaban ni participaban siquiera en ninguna de las fases de fabricación de sus tablas. Otros, en un ejemplo de honestidad, se hicieron shapers de sus propias tablas. Quisieron controlar hasta el final y último detalle el resultado de aquello a lo que habían transferido su nombre. Se mancharon sus manos, sus caras, su pelo  y se jodieron muchas veces las manos y  los pulmones respirando el polvillo blanco que sale de las tablas de foam cuando pasas el cepillo, el taco de lija una y otra vez… Invirtieron horas y horas de su tiempo, se lo quitaron a baños, a surfaris, en idear nuevos diseños, nuevas tablas de las que los surfistas de todo el mundo se beneficiaron…  

 Michael Jordan fue un pionero con las zapatillas, no por ceder su nombre. Larry Bird, Magic Johnson ya lo habían hecho antes con Converse. Jordan fue pionero en, aparte de recibir una cantidad fija, recibir un tanto por ciento de cada zapatilla vendida. En el sentido de las tablas, y siguiendo con este paralelismo, está claro. ¿Quién te puede pagar más, quien te puede dar un cheque más jugoso, un taller de tablas local o un gigante asiático que fabrica tablas de surf como zapatillas y puede exportar contenedores y contenedores con los que inundar el cada día más grande y floreciente mercado de tablas de surf mundial? Gigantes que pueden poner sus tablas en cualquier boutique o escuela de surf del mundo, que dado su escaso precio de fabricación, pueden hacer frente a los aranceles, tasas e impuestos sin que su precio final se resienta y sigan siendo competitivas con las que se fabrican a escasos kilómetros del punto de venta. Siguiendo con este umbral de rentabilidad, ¿quién puede generar más beneficio a un GOAT, un taller de California, Hawaii o Cantabria del que salen cien tablas al mes o uno del que salen miles? Ya si te dan un tanto por ciento de cada tabla que lleva tu nombre que se vende, la respuesta está clara.

Esto no es ni mucho menos un alegato anticapitalista, anti economía de mercado. Tampoco un manifiesto a favor de una economía proteccionista y arancelaria de tipo trumpista . Esto es una llamada a la cordura tanto de los empresarios como de los compradores. Cuando se monta un negocio se busca encontrar una rentabilidad, un beneficio...  Este fin completamente lícito no debería justificar cualquier medio. Si con nuestra política empresarial contribuimos a la destrucción de cientos de puestos de trabajo, a la eliminación sistemática de la historia y la tradición de nuestro propio deporte, al cierre de talleres que son parte de la historia del surf, al despido de personas, a la sustitución de un mercado atomizado, formado por pequeños y medianos fabricantes, sin mucho músculo financiero, por otro de tipo monopolista u oligopolio con un par de grandes gigantes…  Al menos deberíamos pararnos a preguntarnos unos segundos si nuestra política empresarial es la más acertada o si la persona a la que admiramos deportivamente deberíamos hacerlo también a nivel económico. Porque esta responsabilidad  también vale para los compradores. Hay que recapacitar y responsabilizarnos de nuestras decisiones y de las consecuencias de estas. Como decía Sartre: la única libertad posible es la libertad con responsabilidad. Somos los responsables de lo que hacemos, de lo que compramos y por supuesto de lo que ponemos nuestro nombre.

Sin salir del tema, la Surf Rider Foundation se posicionó, en su día, en contra de las piscinas de olas, pues consideró y considera  que “los beneficios recreativos no superan los impactos medioambientales”. Fue sin duda una decisión valiente y no sencilla, pues supuso enfrentarse a muchos  e importantes intereses económicos dentro del surf y a decenas y miles de surfistas amorales que consideran que en su búsqueda incesante de olas cada vez más perfectas todo vale.

Un posicionamiento en contra que la ONG  lo razona de la siguiente manera:

“La construcción implica destruir áreas naturales en favor de una piscina, el estacionamiento y los caminos que llevan a ella, al mismo tiempo que va en detrimento de la biodiversidad.

Su funcionamiento implica un gran consumo de agua, dado que las piscinas contienen desde 25 a 35.000m3 de agua (el equivalente a 10-14 piscinas olímpicas), algo que consideran  "innecesario e irresponsable en el contexto actual de cambio climático".

Del mismo modo, necesitan también una gran cantidad de energía. Cogiendo como ejemplo la tecnología American Wave Machine de Waco (Texas), gasta 450kW (equivalente al consumo medio de 800 hogares franceses)”.

El caso de las piscinas de olas es el mismo que el de las tablas. Tanto empresarios-fabricantes de tablas y de piscinas como potenciales compradores y usuarios de las mismas debemos ser consecuentes y responsables de nuestros actos y de sus consecuencias. Sabedores que con nuestras acciones y decisiones no sólo disfrutamos de tablas o de olas, sino que contribuimos a construir o destruir una radiografía de mercado o de economía local o a un determinado paisaje o estado de salud del medio ambiente.

  El ser humano tiende por naturaleza a la emulación y admiración de sus semejantes, pero esto no debería suponer un cheque en blanco, o un crédito incondicional e ilimitado, y lo mismo que alguien puede ser el GOAT de su deporte, si sus acciones fuera de los escenarios deportivos no están a la altura de sus hazañas y gestas atléticas, corre el peligro de considerarse una persona no grata para sus fans.

 

 

 

domingo, 15 de diciembre de 2024

martes, 1 de octubre de 2024

Flamingos Vintage Kilo, una razón de peso para comprar en el centro de Santander

  He tenido la gran oportunidad de volver a colaborar de nuevo con la revista Cantabria Económica, a través de su director Alberto Ibáñez. Para elegir el tema de la entrevista esta vez lo he tenido muy fácil, he seleccionado a los jóvenes empresarios Antonio Rodríguez y Ana Brasal, propietarios de dos tiendas de ropa usada vintage en el centro de Santander. Resulta estimulante e inspirador gente que todavía  apuesta por un negocio alternativo y con tienda física, en este universo virtual y Amazónico de usar y tirar. Antonio y Ana gestionan Flamingos Vintage Kilo y acaban de inaugurar una división de Sport en el centro de la capital de Cantabria.

  Dejo un fragmento de la entrevista e invito, desde aquí, a conocer sus tiendas en la calle del Cubo y Francisco de Quevedo de Santander. Esta no es una noticia directamente relacionada con el surf, pero en su tienda hay a la venta un montón de camisas surferas únicas, con historia, alejadas de las impersonales y clónicas que podemos encontrar en las tiendas y boutiques surferas. En Flamingos se nos abre un abánico de posibilidades para ser un surfero con un estilo único e irrepetible y escapar de la uniformidad del aparcamiento de la playa.

  

Ana y Antonio en una de sus dos tiendas.


"Hubo una época, cada vez más lejana, anterior a Internet y a las compras online, en la que era bastante habitual escuchar a la gente decir cosas tales como “me  he traído de un mercadillo callejero de  Londres unas botas doctor Martens, una chupa de cuero de aviador y un vestido que no encuentras aquí en ningún lado”. Era una forma un tanto esnob de presumir y de reivindicar al mismo tiempo tener algo exclusivo y único que no se podía encontrar en nuestra pequeña comunidad autónoma. Al cabo del año, uno escuchaba tantas veces  decir esta mítica frase que irremediablemente siempre se acababa haciendo la misma pregunta: ¿Por qué no habrá aquí una tienda que venda ese tipo de productos para evitar que la gente tenga que coger un avión y  cruzar el charco? Por lo general, esta duda se solventaba siempre por la vía rápida con un “esto aquí no funciona, esto es un pueblo, este tipo de tienda es propio  de las grandes ciudades”.  En 2019, Antonio Rodríguez y Ana Brasal pusieron de manifiesto lo erróneo de esta máxima montando, en la capital de Cantabria, Flamingos Vintage Kilo". (Para leer el resto de la entrevista adquirir el número de septiembre de Cantabria Económica)  


viernes, 31 de mayo de 2024

SURF y TAYLOR SWIFT

  Apenas acabo de digerir la noticia de que el surf genera en Cantabria la nada despreciable cifra de 13 millones de euros (lo que viene siendo una buena Primitiva de 6 aciertos), recibo la sorprendente de que un concierto de Taylor Swift genera un impacto brutal en la bolsa de Nueva York y modifica el PIB anual de una nación puntera como EE.UU. Entonces, mi maquiavélica y maligna mente actúa y se hace la siguiente pregunta: ¿Es que a ningún ministro de economía, en su sano juicio, se le ha ocurrido nunca hacer un evento combinado que una un torneo de surf y un concierto de Taylor? Sin duda, eso ayudaría a salir de cualquier crisis, económica e incluso existencial, acabaría con el paro, el juvenil , el infantil y el sénior, dispararía el PIB de España hasta cotas nunca vistas ni imaginadas, y nos abriría de paso las puertas de par en par del G7 o G8. Adelantaríamos, en una maniobra Fernando alonsoniana, en un pispas, a Francia, Japón, Italia, Reino Unido, Alemania, y a quien se nos pusiese delante, como potencias económicas del planeta, compartiendo podio con EE.UU. y China. 

   
Surf a toda costa: ¿ocurrente eslogan publicitario o declaración de principios? 


   Bromas aparte, no hace falta ser muy inteligente para entender la validez o verosimilitud de estos informes completamente interesados y con la misma credibilidad que uno financiado por los laboratorios Pfizer aseverando que el uso de sus pastillitas azules es inocuo para nuestro corazón, mejora la calidad de vida, el estado de ánimo de sus usuarios y de quienes les rodean. Es más. Voy a ejercer de oráculo y de pitoniso. Me apuesto lo que sea a que dentro de unos meses o semanas, nos vendrá, en los rigurosos y nada propagandísticos medios de comunicación, otros informes similares, diciendo que tener el club de fútbol en primera división generará unos ingresos de millones de euros, 50 o 60 (hay que superar los del surf, que no se diga) o que la feria taurina tiene un impacto económico no ya de 13 o 20, o 60, sino de 70 millones para las arcas de la ciudad anfitriona. Ahora acabo de recordar otro ‘imparcial’ encargado a una empresa externa por el torneo de olas grandes de Santander que decía que generaba millones de euros y que era seguido a nivel mundial por millones de personas. Seguramente, el encargado de realizarlo se apellidaba Tezanos. 

   Generalmente, todo este tipo de informes buscan lo mismo: dinero público, el tuyo y el mío. Presionar, en el buen sentido de la palabra, al nada crítico, súper ingenuo e impresionable regidor de turno para que afloje la panoja. Y cuando está en juego la inversión institucional queda muy bien hablar de efecto retorno, de que la inversión, o mejor dicho, subvención, se verá recuperada y multiplicada con creces por los ingresos, etc. Ahora mismo hay una encarnizada lucha por conseguir ayudas y fondos públicos, de ahí la naturaleza cada vez más irreal y fantasiosa de los estudios y sus astronómicas cifras económicas. 

 Ya no se trata de pedir responsabilidad a la hora de hacer este tipo de informes, es perder el tiempo, sino pedir responsabilidad, autocrítica y reflexión al ciudadano de a pie, al surfista o no surfista a la hora de leerlos. Todos estos informes interesados generan un peligroso efecto burbuja, reclamo e hinchan el globo. Atrae la inversión, multiplica los negocios relacionados con el surf, seguramente alentados por los datos macroeconómicos de las noticias que vienen a asegurar que tener una escuela de surf es poco menos que tener la gallina de los huevos de oro o un videoclub en los años ochenta (¿les suena? Otro negocio que parecía inmortal). En este país, tenemos una amplia experiencia en el tema de las burbujas económicas y sus trágicos resultados. No hace falta ser ningún lince para saber cómo acabará el sector económico del surf y sus exhaustas localidades costeras dentro de unos años de continuar por este selvático camino. La gran y única duda es el cuándo. En estos días, he escuchado, con rotundidad y contundencia heladoras, a profesionales del sector, decir: “el surf no tiene techo”. Es justo lo mismo que oía decir a los constructores, a los promotores inmobiliarios, a los albañiles en el verano de 2003… 3 años más tarde no decían lo mismo. No se trata de ser catastrofista ni de ir de Nostradamus por el mundo, sino consecuentes y responsables y de utilizar por una vez las amargas experiencias de la vida para no tropezar por decimoquinta vez en la misma piedra. 

  En el sector del surf, hay gente trabajadora, responsable, gente innovadora que cree en la cultura del esfuerzo, que sabe lo que cuesta ganar un euro, el sudor que requiere, lo que cuesta tener un empleado, no digamos ya una plantilla, pagar un alquiler, los alumnos y clases que hay que dar y que hay que tener para poder sobrevivir todo el año, también la temporada baja o la inexistente que hay de octubre a abril. Gente que no recibe un solo euro público e invierte y arriesga su dinero, sus ahorros, sus ingresos, pide préstamos, hipotecas, se endeuda, para intentar mejorar y diferenciarse de una competencia cada vez más feroz y numerosa y a menudo desleal; es lo que pasa cuando el pastel es muy jugoso y cada vez hay más y más comensales a la mesa, que no es infinita ni ilimitada. El famoso “ponche party” del que hablaba el visionario ministro zapaterista Sebastián, a toro pasado, siempre a toro pasado, en referencia a la burbuja inmobiliaria, cuando ya era demasiado tarde. Es como la noticia de lo que genera un torneo de surf. El que ha organizado un torneo sabe perfectamente que con un torneo no te haces millonario, es más, muchas veces palmas hasta pasta y lo haces casi por altruismo, por amor al deporte, para que suba el nivel competitivo de los chavales, venga gente de fuera y nos empapemos de su nivel.

    
Código del surfing. ¿Quién ordena lo de fuera?


   El que invierte, o el que solía invertir en surf, no era o es ninguna hermanita de la caridad (eso lo tengo claro), lo hace para ganar dinero, aunque más que para ganar, lo hace o lo hacía para poder vivir dignamente haciendo algo que le gusta en un entorno que le apasiona. La playa. Si por el camino muy improbablemente se hacía multimillonario mejor que mejor, pero no era su fin prioritario en la vida ni la consecuencia más deseada de sus actos. Detrás del “negocio del surf” hasta ahora había siempre un surfista, un deportista al que movía un fuerte y nada despreciable componente emocional y romántico. Ahora, con este sector del surf hipermusculado y hormonado financieramente, que genera estudios y que acabará cotizando en el IBEX35, está surgiendo un nuevo tipo de inversor, que se mete en el surf como antaño se metía en el sector del ocio nocturno, la restauración, la hostelería o la construcción. Al calor del negocio de moda y del supuesto dinero fácil. Por primera vez, el surfista puede perder el control de su amado deporte y convertirse en un mero empleado, en un camarero, en un jornalero, en un asalariado del empresario puro y duro de turno con más musculo financiero, mejores contactos que él para inversiones y facilidades para conseguir dinero. Esto no aparece en ninguno de los triunfalistas estudios sobre el surf ni en las noticias de los periódicos de estos días, pero se está dando y cada vez se dará con mayor frecuencia. Vivir y trabajar en la costa se está convirtiendo en algo prohibitivo incluso para los propios surfistas. ¿Quién podrá hacer frente, en pocos años, al alquiler o compra de un local comercial en primera línea de playa? Ya no digamos un chalet o casa para instalar una surf house. Es lo que vulgarmente se conoce como morir de éxito. Le ha pasado Ibiza y puede ocurrir en cualquier localidad surfera del norte de España. Reflexionemos sobre ello unos momentos. 

   Para finalizar y quitarle un poco de hierro al asunto, es más que evidente que todos estos años hemos estado equivocados. Muy equivocados. Estudiar, trabajar, esforzarse, invertir, arriesgar. La pesca, la ganadería, la industria… I+D. Tonterías. La respuesta la teníamos delante de nuestras narices. Y no la hemos querido o sabido verla. Cerremos las tiendas, las empresas, los institutos. ¡Las universidades! Conciertos todos los días de Chenoa, de Amaral, o aún mejor alcalde de turno, haga una palanca laportiana, solicite un crédito en el Liberbank, Unicaja Bank, o como demonios se llame ahora, y a contratar a Taylor Swift en las próximas fiestas patronales. Ha llegado el ansiado y tan buscado nuevo modelo productivo para España. El S+T. Surf y Taylor. Bienvenidos a la nueva era.

jueves, 21 de marzo de 2024

Petición en Change.org para que le pongan una estrella del surf al Racing de Santander en Somo

   

Nada ni Nadie se merecen tanto una estrella del Surf en Somo como el histórico Racing de Santander.


  Pese a que una vez más se pone de manifiesto que nunca seré influencer de nada,  tengo un nulo poder de convocatoria y que el 'feedback' de cada uno de mis actos de comunicación (Blog, libros) brilla por su ausencia, comparto a quien pueda interesarle esta petición colgada en Change.org en la que solicito adhesiones para que le pongan al Racing de Santander una estrella del surf en la localidad cántabra de Somo.

 El Racing tuvo un papel crucial en el inicio y posterior desarrollo del surf en España. A bordo de su autobús vino procedente de Francia la primera tabla, encargada por el legendario pionero del surf en España, el santanderino Jesús Fiochi, cuyo padre era directivo de la mencionada entidad deportiva. Desgraciadamente, este es un hecho no muy conocido.

 Esta crucial contribución del Racing al desarrollo del surfing en España la recuerda el periodista y prolífico escritor, Fran Díez, en su indipensable trilogía sobre la historia del club de fútbol, '100 anécdotas del Racing: “En el autobús del Racing viajó a Santander la primera tabla de surf comprada por un español en 1963. Una Barland. Desde entonces este deporte y el club de fútbol santanderino han mantenido cierta relación unidos por El Sardinero. Jesús Fiochi, considerado el primer surfista español, unió al Racing con el surf gracias a aquel encargo, un tablón rojo de casi tres metros y unos 18 kilos. Su padre fue directivo de la entidad racinguista y el fabricante acercó el "pedido" a Irún aprovechando que el equipo cántabro jugaba en San Sebastián”.

  Si alguien quiere adherirse a esta justa reivindicación, puede visitar este enlace y estampar su firma virtual. Muchas gracias.

  https://www.change.org/p/una-estrella-del-surf-en-somo-para-el-racing